miércoles, enero 12, 2011

LA VIDA DESPUÉS

­¡Si ya está que se manifieste!
-Sentenció la voz grave de la médium. Inmediatamente comenzó a sacudirse balbuceando cosas sin sentido. Su cara parecía la de una persona con problemas mentales; babeaba emitiendo incoherencias. Se sacudía como si estuviese recibiendo descargas eléctricas. Clara, furiosa, salió repentinamente del lugar mientras la mujer de negro y la asistente insistían en que estaban a punto de lograrlo.

Era la cuarta vez que hacía todo ese circo y nunca consiguió nada. Se dio cuenta de que no podría volver a comunicarse con Iván, que no había forma. Llegó hasta una plaza y se desmoronó en un banco. El rechinar del subibaja avivó aún más su angustia y se reprochó el no haber querido tener un hijo al comienzo: "Si lo hubiésemos hecho cuando nos casamos hoy no estaría tan sola..." Desplegó el periódico, solo para intentar distraerse... "Niño nacido de los óvulos de una mujer muerta dos años antes..."

-¿Doctor Benavidez?, soy Clara de Herrera.
-Ah, si señora, la recuerdo. Supe lo de su marido, lo lamento muchísimo señora.
-Gracias. Lo llamo porque quiero continuar lo que empezamos.
-¿C... Cómo dice? E... está Usted s... segura de lo que dice? (Había pasado un año de la muerte de Iván; el médico ya había descartado las muestras).
-Sí, absolutamente segura.
-Bueno, estem... le parece que tengamos una charla mañana a las nueve?
-Está bien.

Benavidez, preocupado por el estado psicológico de su paciente, insistió en que consultara a un especialista. Clara entendió esto como un prerequisito y aceptó.
-La escucho, señora.
-Es poco lo que tengo para decir. Mi marido murió hace un año y yo pretendo tener un hijo de él. Ya lo habíamos decidido, había algunos problemas y apelamos a la fecundación asistida. Las muestras están congeladas...
-Comprendo... y... ¿qué‚ piensa que su marido desearía en las circunstancias actuales?
-Bueno, he tratado de averiguarlo... pero sin éxito. De todas formas él no está y soy yo quien decide.

Clara siguió viendo al psicólogo, sin embargo nada podía quitarle el deseo de reencontrarse con Iván. Su terapeuta no combatía ese deseo, por el contrario, sostenía que ella necesitaba despedirse. Probaron técnicas de visualización, hipnosis, dramatización... pero ella se exaltaba tanto que perdía las imágenes. Básicamente se negaba a dejarlo ir.

Dos meses después Clara ya no hablaba de inseminarse, pero tampoco elaboraba un nuevo proyecto de vida. El psicólogo le propuso someterse a una experiencia de realidad virtual a fin de evaluar el estado de su proceso de duelo. Se trata de un procedimiento absolutamente revolucionario -le explicó a Clara- está disponible gracias al avance de las computadoras en los últimos años y de las interfaces cerebro-máquina. Clara, sin expectativa alguna, aceptó.

Los scanners analizaron cada detalle de la morfología de Iván a través de las fotos que Clara, por instrucción del psicólogo y del técnico en realidad virtual (RV), había seleccionado cuidadosamente. Unos vídeos y grabaciones de audio mostraron los movimientos, el timbre y tono vocal, el modo en que reforzaba algunos sonidos, las pausas... todo escondía algo de la personalidad del fallecido. En poco más de una hora surgió con siniestra exactitud, un perfil digitalizado de Iván.

-Y dígame una cosa, -preguntó Clara al Dr. y al técnico que comandarían la experiencia- cómo es que se programarán las respuestas que me de la máquina a mis preguntas?
- El sistema asimiló datos de la personalidad de su esposo, y de sus movimientos y gestos. Con los cuestionarios que Ud. respondió más los datos de la historia de él y de la de ambos se trazó un perfil de personalidad. A todo esto se suma la memoria que Ud tiene de su esposo, la cual puede ser consultada por el sistema para recavar datos que precise durante toda la experiencia de RV. Es decir que Ud estará prácticamente interactuando con lo que es su esposo para Ud. Dependiendo de los movimientos que usted haga y de lo que Ud. diga, el sistema aleatoriamente generará respuestas posibles para la personalidad de su marido, o sea que es impredecible lo que pueda suceder, depende de la interacción con Ud. movimientos, pensamientos, palabras, todo.

Al comienzo sólo vio manchas, después árboles, sol, agua... Clara reconoció el lago donde nadaba de pequeña; las mismas montañas, los mismos pájaros... Sus pulmones se llenaron de aquel aire de montaña. Sus ondas cerebrales cruzaron el casco para alcanzar la computadora: "ESTADO EMOCIONAL ADECUADO PARA INICIAR EXPERIENCIA DE REALIDAD VIRTUAL"

Algo la llevó hacia la costa. Tuvo la visión impresionante, nítida de Iván. Una gota de agua rodó por el rostro del hombre, cruzó el pecho hasta el ombligo. Clara detuvo la gota de agua con sus manos; palpó el vientre de Iván. Sintió el contacto con ese cuerpo que conocía tan bien. Su existencia, su vida. Se abrazaron largo rato, sin decir palabra. Lloraron. Luego se besaron apasionadamente sabiendo que quizás esa era la última vez. Clara estaba tan inmersa en su estado de consciencia alterada que no podía distinguir en lo más mínimo que se trataba de una experiencia virtual. Lloraban ambos no de tristeza ahora, sino de emoción por estar de nuevo juntos. Clara le iba a contar sobre lo sucedido ese año, e Iván la interrumpió:
-Si, lo sé. Sé del apartamento nuestro, esta bien que lo hayas vendido. Y está muy bien que trates de seguir adelante. Ahora lo de tener un niño... ¿estás segura?
-Clara emocionada sintió que se le quitaba un gran peso, ya no tomaría al decisión sola.
-Sí lo estoy. Ya pensé en las consecuencias pero quiero hacerlo. Es la única esperanza que me dio fuerzas para seguir viva.
-Bien. si estás segura, entonces ¡que así sea! yo apoyo en todo tu decisión de hoy y también aquellas que debas tomar a lo largo de la vida de nuestro hijo. Yo estoy como siempre a tu lado. apoyándote, porque siempre serás mi gran amor. Se abrazaron y lloraron nuevamente temblando de emoción sabiendo que ahora nadie los podría separar. Se acariciaron e hicieron el amor, fue una de las veces mas intensas, más emotivas. No se preguntaban si podrían volver a verse, sabían que posiblemente no, pero ese momento fue vivido al máximo, con todo el ser de cada uno de ellos. El peso de Iván sobre el cuerpo de Clara era distinto y sin embargo igual... Se cobijaron, se alimentaron. Iván miró por última vez esos ojos tiernos, hasta verlos exhaustos, mientras él se vaciaba dentro de ella en un llanto profundo y tibio.

El Dr. Benavidez no tuvo coraje para decirle la verdad, optó por dejar que las cosas se fueran dando solas. Pero Clara salió más decidida que nunca a implantarse el óvulo fecundado con el esperma de Iván. Entonces, al Dr. se le ocurrió una gran idea: implantaría un embrión ajeno, uno débil, que no sobreviviría. Ella pensaría que fue un aborto espontáneo; después le diría que ya no quedaba material. Clara tendría que resignarse. Le dio un tratamiento de hormonas para prepararla y fijaron fecha para el implante el mes siguiente. No pudo hacerse. Estaba embarazada.

domingo, enero 09, 2011

ETERNA AMISTAD


Esta historia se inspira en una charla que tuve por el año 1995 con mi querida terapeuta y amiga Julia Zwilinger, fallecida en 2001. De la charla sólo recordaba algunas imágenes que siempre me parecieron intensas así que decidí hacerlas historia para que pueda narrarse. 

Elián era un hombre alegre con una intensa vida social. Dado que viajaba con frecuencia, tenía muchos amigos en todo el mundo. La gente lo quería y algunos lo admiraban. Se divertía con poco, por ejemplo le gustaba mucho bailar aunque lo hiciera mal. Disfrutaba de la vida al aire libre, las salidas de pesca, de camping, o a esquiar. Había nacido con el don de sentir pasión por todo lo que hacía, por lo cual, era un hombre feliz y muy exitoso. Algunas personas tienen ese don, se apasionan por todas las cosas que hacen y sus vidas tienen color e intensidad. Era inteligente, seductor, y muy ocurrente. Tenía una especial facilidad con las palabras. Podía organizarlas de forma tal de transmitir sus ideas o sentimientos muy claramente y de manera muy simple explicaba conceptos complejos. José, en cambio, sumamente ordenado, ansioso, en su mente era muy caótico. Era inseguro y necesitaba confirmación de todo. Elián, en cambio, parecía estar seguro de todo. José había crecido en un ambiente sumamente agresivo y descalificador, y así funcionaba muchas veces, pero había aprendido a dominar su impulso agresivo, Elián le había ayudado en eso. La infancia de José había sido muy difícil; su familia lo criticaba, sus hermanso se burlaban de él todo el tiempo. Se había esforzado mucho por conseguir lo que tenía, sin embargo se sentía siempre insatisfecho. José era más dado a las acciones que a las palabras. A diferencia de Elián, le costaba mucho expresar sus ideas con claridad, pero era sumamente afectuoso con su cuerpo y abrazaba muy fuerte. No obedecía a más ley que la propia, aunque la gente pensara lo contrario y lo viera como alguien respetuoso de la ley. Circunspecto y disciplinado en apariencia, todo en su vida parecía ordenado. Su ropa la doblaba con la misma medida exactamente y la clasificaba por colores. Cuando salía con Elián nadie comprendía cómo dos personas tan diferentes podían ser amigos. Elián estudió Psicología y José estudió Turismo y hotelería. A pesar de las diferentes profesiones y caminos construyeron una buena comunicación basada principalmente en las diferencias. Se llamaban "más que hermanos", y aunque no eran físicamente parecidos mucha gente los veía semejantes. Había puntos de encuentro: por ejemplo, tanto Elián como José amaban esquiar, y también el montañismo y cada invierno planificaban una salida con sus esposas, quienes, a su vez, eran amigas. Así pasaban mucho tiempo juntos hombres y mujeres cada quien con sus actividades.

Fue el invierno de dos mil siete, lo recuerdo bien porque nevó en Buenos Aires. Ellos habían ido, como cada invierno, a esquiar. Decidieron internarse más y más en la cordillera. Encontraron finalmente una cuesta maravillosa, sólo para ellos y pasaron la tarde allí. Volvieron encendidos de entusiasmo y no hablaban más que de “su propio lugar de esquí” a partir de ese día sería exclusivo de ellos. Esa noche nevó y, al día siguiente, el sol despuntó maravilloso. Volvieron a "su lugar". Pasaron allí el día, y quizás por el cansancio de tantas horas de esquiar, de pronto José pisó en falso y comenzó a rodar, Elián usando sus esquíes para seguirlo alcanzó a interponerse en su camino para detenerlo; pero, por la velocidad que traía José golpeó tan fuerte a Elián que produjo un impacto y la columna de nieve por encima de ellos se aflojó y empezó a deslizarse con ambos encima. Más y más nieve se agregaba y los arrastraba cuesta abajo sin control alguno.
Cuando todo se detuvo tres cuartas partes del cuerpo de Elián estaban enterradas en la nieve. Haciendo acopio de todas sus fuerzas consiguió liberarse. Milagrosamente no tenía fracturas, solo un fuerte dolor en el pecho. Estaba al borde del desmayo. Todo el día esquiando y ahora esto había acabado con sus fuerzas. Comenzó desesperadamente a buscar a José y no pudo encontrarlo. Se dio cuenta de que seguramente estaba en alguna parte bajo la nieve. Minutos después escuchó un gemido y lo encontró bajando un poco la barranca, en una especie de grieta entre dos peñascos. Vio una mancha roja como tres metros hacia abajo, guiado por su propia inconsciencia del peligro se lanzó reptando a la grieta y avanzó hacia abajo hasta que pudo ver el rostro golpeado y sangrante de José.

La mano de José y su rostro eran las únicas partes que asomaban de los tres metros de nieve que lo aprisionaban. Apenas podía moverse por la presión. Apenas podía respirar. Elián le sacó el guante para dar calor a la mano de José que era lo único que tenía a su alcance, le dio a beber licor. José no podía tragar, tosió y miró a su amigo como pidiéndole que lo dejara. Se dio cuenta de que no sería posible sacar a José de allí. Por otra parte la nieve estaba inestable, y ya estaba nevando nuevamente. Elián lloró. Comenzó a llorar porque no podía aceptar que terminaran así los días de una vida de amistad. En una hora anochecería y no podía marcar el punto donde estaban. José ya no podía hablar pero sus ojos le decían “tengo miedo amigo, no me dejes morir.” Hasta llegar al puesto más cercano y volver pasarían cuatro horas y José se congelaría en menos de una hora. Lloró porque se dio cuenta de que nada podía hacer para salvar a su amigo, y dudaba si tendría las fuerzas para salvarse él mismo.

Poco a poco se fue levantando un viento helado que arrastraba la nieve. Impactaba sobre Elián como púas filosas. Tomó la mano de José y la aferró fuerte, agotado, angustiado y triste ante la inminente muerte de su amigo que apenas respiraba, sintió que moriría también, que esa sería la tumba de ambos. Agradeció el hecho de que al menos estaban juntos en ese momento. Elián sintió que entregaba su vida, que se dejaba ir, que su pecho se abría para que su alma se fuera. Inmerso en esa sensación de pronto sintió la mano de José, le dio una apretada muy fuerte y tuvo la sensación de que José se había liberado de la nieve. Entonces José lo miró despidiéndose y Elián dijo: no me dejes, quiero que te quedes, conmigo. No te vayas José, no estoy listo para despedir a mi hermano. José lo miró como quien ve a un loco y Elián de pronto jaló la mano de José y lo trajo contra su pecho lo apretó muy, muy fuerte hasta que José parecía hundirse en el pecho de Elián. Luego, o quizás antes de eso, ambos perdieron el conocimiento.

Despertó unos momentos después. Vio la mano azul de José: seguía atorado en la nieve. Había alucinado a causa del frío. José empezaba a congelarse, y se dio cuenta de que él estaba perdiendo el conocimiento nuevamente a causa del frío de casi una hora en esa hendija, aun vencido por el cansancio consiguió salir y fue buscar ayuda.
Esa noche el equipo de salvataje no pudo llegar al lugar pues la tormenta se había ido intensificando. Al día siguiente fue muy poco lo que pudieron hacer porque aún seguía la tormenta de nieve, después de una semana iniciaron una búsqueda que duró sólo tres días, habían nevado más de dos metros y no existía chance alguna de que José estuviera vivo.

Elián se encerró en su cuarto sin hablar con nadie. Pasaron tres días en los que no comió, sumergido en lo más oscuro de su dolor. No podía perdonarse haber llegado hasta ese lugar y haberse descuidado. La tristeza intoxicaba su mente, y el hambre que estaba allí aunque no lo percibía, hacía delirante su condición.
De pronto una voz lo despertó de su sueño: era la voz de José. Se sobresaltó y miró a su alrededor, pensó que alguien le gastaba una broma, pero no, esa voz no era externa. Estaba adentro de su cabeza. Elián se dio cuenta de que su Mente estaba colapsando, de que el dolor intenso, la falta de sueño y de comida, lo habían llevado a un lugar psicótico. Ahora estaba sufriendo alucinaciones.
Volvió a oír la voz:
-Elián, este es el cuarto de Elián, cientos de veces estuve aquí...
-¿José? -preguntó Elian perplejo-
-¡¿Elián?! -Una enorme alegría embargó a Elián.
-¡Si, soy yo! y parece que estamos metidos en el mismo despelote sea lo que sea esto.

Se quedó atónito. No entendía cómo podía suceder que su amigo muerto se esté comunicando con él. De pronto recordó su deseo de entregar su vida para estar con su amigo, para que José pudiese vivir...

¿O sea que funcionó?
Esto desafiaba toda la psicología de los libros. Elián Levantó una mano y comenzó a mirarla.
—¡Esto es increíble! —decía José—, ¡puedo sentir como si fuera mi cuerpo!
—¿Estamos muertos los dos? —preguntó José
—No, no. Yo estoy vivo, estoy en mi cuarto y vos estás conmigo aquí.
—¡Es absolutamente delirante! ¡no puede ser!
—¡Si!, ¡¿no es maravilloso?! ¡Estas vivo! ¡estás vivo! —Gritó Elián saltando de alegría...

Verónica, la esposa de Elián escuchó los gritos y pensó que su esposo se había vuelto loco. Lo escuchaba gritar y hablar solo, encerrado en su habitación. Pero aun así esto la tranquilizaba porque pensaba que Elián no resistiría mucho en el estado en que había estado.

Elián decidió salir para que José viera todo su mundo. José le dijo que no hiciera tanto alboroto, ¡estaban los dos en un solo cuerpo y que ese cuerpo estaba hablando solo! Ahora tenían una nueva complicidad, aun más íntima que la de antes...
—¡vamos! ¡Quiero que veas el mundo desde mis ojos!

Elián no sospechaba las catastróficas consecuencias que lo que había sucedido tendría en su vida. Era un niño feliz, libre de la culpa que se adjudicaba de haber “matado” a su amigo. El resignar por el resto de su vida la exclusividad de su cuerpo no le parecía un precio alto a cambio de revivir a su mejor amigo.

José estaba tan perplejo como Elián. No entendía qué era lo que había sucedido. Pensaba miles de teorías pero ninguna explicaba el hecho de que los dos estuvieran en ese mismo cuerpo. De pronto recordó la alucinación que había tenido, donde Elián había abierto su pecho, y lo apretó muy fuerte sintiendo que se mezclaban. Recordó que algo en el pecho de Elián estaba abierto y luego, después de su llegada, se cerraba y lo protegía como un abrazo. Pero pensaba que había sido parte del delirio de un hombre frente a la muerte. Elián salió corriendo de la habitación para mostrarle todo a su amigo que, al tercer día de muerto, acababa de resucitar.
Encontró hasta divertido abrazar a Verónica y besarla apasionadamente como parte del "tour" mostrándole a su amigo cómo besaba su esposa. Verónica quedó paralizada entre la alegría y el pánico de que su marido estuviera loco. Pero, como sea, esta locura lo hacía mucho más parecido a lo que siempre había sido que al Elián de los últimos tres días. No comprendía qué había sucedido, pero estaba feliz de ver a su marido sonriendo después de esos días de oscuridad.

José permanecía en silencio, mitad asombrado, mitad aterrado. Miraba desde el fondo toda esa escena surrealista. Elián fue mostrando a José cada detalle de su mundo. José, lentamente fue participando en las decisiones de Elián, y poco a poco se fue instalando y usando también su flamante cuerpo más grande en tamaño que el antiguo, lo que le daba una extraña sensación de poder. Pactaron que este sería su secreto ya que nadie lo entendería y tomarían Elián por loco.

Como las mujeres que a José le gustaban no eran el tipo de Elián, acabaron negociando que Elián traicionaría algunas veces a Verónica para que José pudiese disfrutar un momento con alguien que le atrajese. Elián se quedó sobrecogido al atestiguar a José en su dimensión sexual. Desplegaba una faceta muy excesiva y descontrolada. Elián trataba de recluirse en algún rincón de su mente inhibido por los excesos de José, pero en varias ocasiones sorprendió a José descuidando el cuerpo de ambos con prácticas sexuales de alto voltaje y de alto riego.

Elián comenzaba a entender que la vida de su amigo le implicaba concesiones muy difíciles pues esas acciones, que nada tenían que ver con sus deseos, hacían que Elián comenzara a darse cuenta de la terrible verdad: ya no era dueño de su vida. 

José se expandía fascinado con la vida de Elián, era una vida que siempre le atrajo, siempre envidió secretamente y ahora era dueño de eso que tanto había envidiado. Elián, mientras tanto, continuaba retrayéndose, hasta ir transformándose paulatinamente en un ser quieto y sombrío. José tomó el mando y fue adquiriendo la personalidad de Elián, su magnetismo irresistible su inteligencia, y, sobre todo, su placer por la vida. Fue literalmente apropiándose de la vida de Elián sin que nadie lo notara más que Elián.

Elián sólo quería desaparecer. Sentía un enorme conflicto pues sabía que si expulsaba a su amigo de su cuerpo (cosa que ni siquiera sabía cómo hacer) su amigo moriría, y entonces sería “él” quien lo asesinó. Se sentía impotente al ver cómo José se adueñaba vorazmente de todo. De su forma de hablar, de su forma de razonar, de sus frases, de sus gustos, de sus estudios, de su profesión, de sus amigos.

Así fueron pasando los meses y cada vez más Elián se hundía en un silencio sepulcral sin pronunciar palabra durante días. Y José hacía uso de su casa, sus perfumes, su cama, sus ropas, su computadora, y hasta de la compañía de su esposa. Se apropió por completo de todo lo de Elián, hasta de lo más íntimo: su cuerpo.

Un jueves de enero, casi seis meses después del accidente, miraban televisión y de pronto vieron una noticia que los sobresaltó. Unos jóvenes esquiadores habían habían descubierto bajo el hielo el cuerpo de José. Un numeroso equipo coordinaba la maniobra de recuperación del cuerpo con el objeto de darle una digna sepultura. Para no destruirlo cortaron el bloque de hielo entero y podía verse que, a excepción de un corte en la frente, el cuerpo parecía intacto. La preocupación de algunos era cómo descongelar ese cuerpo para hacer los servicios fúnebres.

Pero lo inesperado sucedió. Como suele ocurrir en la vida de Elián hubo un nuevo giro radical. Se presentó el padre de una de las muchachas que descubrieron el cuerpo. Era un suizo experto en criogenia. y propuso la loca, la absurda idea de intentar una resucitación.

El bloque de hielo fue mantenido frío hasta tomar una resolución. Esto suponía un sinnúmero de cuestiones médicas e incluso éticas. Lo importante es que, así de locamente como había sido el inicio de esta historia, pronto todas las piezas encajaron. El destino había juntado a todos esos actores para dar un paso que significaba cruzar los límites de la ciencia. 

El científico se ofreció sin otro móvil que su propio interés científico para intentar salvar esa vida. Explicó que el congelamiento en esas temperaturas tiene ventajas y desventajas y que una de las desventajas es que no pueden pasar mas de seis meses para la resucitación, pues las consecuencias del congelamiento son irreversibles. O sea que estaba aun a tiempo. Asimismo había que ver cómo había transcurrido el congelamiento, pero en general el cerebro se enfría antes que el corazón por lo que los tejidos nerviosos suelen conservarse bien por estar oxigenados hasta último momento.

Al ver esto Elián despertó de su oscuridad diciéndole a José casi en un grito: —¡tenemos que ir!¡tenemos que ir!—. ¡Es tu cuerpo que lo encontraron y lo van a revivir!, ¡lo sé!, ¡lo puedo sentir! Es por eso que ocurrió todo esto, ahora tiene sentido, ¡es por eso! ¡era tu destino! Es por eso que nunca te fuiste ¡es por eso! ¡porque tu cuerpo aún esta vivo! 

Nada de esa noticia agradaba a José. Por primera vez era feliz con su actual vida, y se rehusaba a regresar a su vida anterior. En verdad ahora todo era mucho mejor que lo que había tenido antes. Prefería quedarse viviendo como Elián, pero no podía revelarle eso a su amigo. Sentía que vivir la vida de Elián le había dado felicidad por primera vez. Pero Elián no dudó. Compró el pasaje y esa noche salieron hacia la cordillera.

Todo el pueblo estaba al tanto del gran hallazgo y pendientes de la historia. Elián se presentó como el hermano de José y quería estar presente cuando lo revivieran. Fue un proceso muy lento y complicado que duró poco más de doce horas. Llegó el increíble momento en que, después de siete meses, el corazón de José volvió a latir, Una descarga eléctrica contrajo los músculos, y cuando terminó la descarga, el corazón se quedó inmóvil durante veintinueve segundos... luego, como por milagro, volvió a contraerse por sí mismo, una y otra, y otra vez. Al principio el ritmo era errático, pero el experto propuso esperar sin intervenir hasta que la temperatura se estabilizase y poco a poco las funciones respiratorias y cardíacas se normalizaron. La actividad cerebral en los monitores era muy tenue, las funciones vitales básicas estaban conservadas pero no había indicios de actividad cerebral alguna. Era solo un recipiente vacío. Mantenido en un coma farmacológico pues los tejidos dañados por el congelamiento debían autorepararse. Tres semanas después las lecturas cerebrales indicaban una leve mejoría y decidieron quitar la medicación que inducía el coma para ver si recuperaba la consciencia. Elián esperó el momento en que estuviera sólo con José y apenas pudo colocó su pecho contra el pecho de ese cuerpo yerto. Y abrió, con toda la fuerza de su intención, el canal por el que José, empujado por la voluntad de Elián, regresó a su cuerpo. Las alarmas de los monitores se dispararon y José comenzó a respirar más rápido, a convulsionar, y, luego de unos minutos, se serenó y abrió sus ojos.

Fue como nacer. Se vio obligado hacer una ardua rehabilitación, pero el milagro había ocurrido: estaba vivo y eso era lo importante.


Poco a poco José fue recuperando su movilidad volviendo a habitar su vieja casa. Y al mismo tiempo el árduo proceso de ir volviendo lentamente a su vida: unha vida que no le apetecía. José se sentía completamente ajeno a sí mismo, a sus cosas Además de que Silvia (su esposa) había hecho su duelo y estaba en una nueva relación. Cuando supo que estaba vivi lejos de  estar feliz le hizo saber que necesitaba un triempo para procesar todo eso y ver qué quería hacer.

Ya no era él mismo. Le costaba adaptarse a su metro setenta y dos y a su cuerpo delgado después de haber vivido en el robusto cuerpo de Elián, así que empezó a entrenar duro para tener más fuerza y mayor tamaño. Dejó para siempre el turismo y descubrió que la vocación de su amigo: la psicología, era su verdadera pasión. Cambió radicalmente su vida. Su antigua inseguridad infantil se había ido, y sus miedos a la oscuridad, a estar solo, miedos que nadie había sabido más que él, tampoco estaban. Sus rituales obsesivos, su dificultad para tratar con otras personas, todo ahora era diferente, todo más liviano. Por primera vez se sentía libre. Era como si José hubiera tomado una parte de Elián que había sanado su vida.
Una tarde de invierno, la llovizna fría atormentaba a Elián quien siempre, a diferencia de José, Odió la lluvia. José caminaba a su lado, iban a comprar regalos para celebrar el cumpleaños de Verónica. Elián tenía una sensación desagradable como de incomodidad desde la mañana; estaba aprensivo. La llovizna lo obligaba a subir el cuello de su impermeable hasta cubrir su boca y nariz, y debía sostener la cabeza inclinada hacia abajo. Elián esperaba en la vereda para cruzar. José se había demorado mirando unos tabacos. Entonces fue que un auto resbaló sobre la escarcha en la calle y perdió el control. Comenzó a girar y golpeó con el lateral de lleno en el cuerpo de Elián que salió disparado como un latigazo y fue a dar con la nuca contra el pavimento. De inmediato un charco de sangre oscura comenzó a formarse bajo su cabeza, José se aproximó y supo que su hermano de toda la vida, su gran amigo, aquel que le había dado su propio cuerpo para que pudiera vivir, estaba agonizando. Elián yacía perplejo. Inmóvil. Balbuceaba ¿qué paso?

Los ojos de José se llenaron de lágrimas y revivió la mirada de su amigo aquel día en la nieve, una mirada que difícilmente olvidaría en el resto de su vida. Sintió una enorme congoja y sostuvo la mano de su amigo mientras veía  crecer lentamente el charco rojo detrás de su nuca. Elián miró con sus ojos por última vez a José y de alguna forma, haciendo acopio de sus últimas fuerzas, le imploró a su amigo: “por favor José, déjame entrar, quedarme en vos...” José lo miró y sintió terror. Recordó, como una película, toda su propia historia. Ahora todo se repetía pero a la inversa: era su momento de dar a su mejor amigo, a su hermano, lo mismo que él le había dado antes.


Los ojos de José, quien nunca lloraba, se llenaron de lágrimas. Por primera vez José amaba la vida que tenía. Entonces José respiró profundo, y apretando sus dientes cerró su alma, su cuerpo y su corazón bien fuerte. Cerró todo su ser como una coraza de acero, mientras las pupilas de Elián se abrían para siempre y el aire salía por última vez de su pecho para elevarse hacia el cielo helado.

jueves, diciembre 30, 2010

Estarás solo

Los hombres semidesnudos me miraron con desprecio. No preguntaron mis motivos. Uno de ellos señaló con un gesto una choza donde entré y me senté en el único lugar posible: el suelo. El silencio era apenas interrumpido por sonidos vagos del exterior. Perdí la noción del tiempo. Mi sensación de soledad se profundizó. Pueden haber pasado horas o minutos, no lo sé.

Cuando la vi aparecer, no pude menos que contraerme encajándome más en el rincón en que me había sentado: negra, imponente como una faraona. Envuelta en un halo sobrenatural. Me clavó sus ojos como aguijones oscuros que hurgaban. No pude respirar durante unos segundos que parecieron horas, luego sentenció firme y segura como si yo fuese un cartel que ella estaba leyendo: 

 Y ¿qué esperabas? ¿qué te sorprende? ¡Ese es tu destino! ¡Estar en soledad; masticarla, rumiarla tragarla, indigestarte con ella una y otra vez!

Querrás mil veces cambiar lugares con cualquier idiota adormecido en el escritorio de su oficina. Vas a renegar de ti mismo hasta agotarte, pero eso no servirá de nada. No muchacho, no va a servirte. Lo único que ahuyentará tu soledad por unos instantes será estar entre locos, entre los que nadie quiere, entre desterrados que también conocen la soledad y que son capaces de saltar al vacío. Los que son diferentes podrán entenderte sólo a veces; pero serán más las veces que vayas y vuelvas sin una puerta a la que tocar, sin alguien que se te siente delante y conserve su substancia y calma. Todos serán a partir de ahora como figuras de cartón. Muecas patéticas. Mentiras que se dicen mecánicamente a sí mismos sin siquiera darse cuenta. No podrás hablarles, no entenderán tu lengua, te mirarán sin comprenderte, podrán inclusive odiarte y atacarte creyendo que los quieres lastimar. Hasta que por fin aceptes que estamos solos muchacho, que aquí dentro ―se tocó el pecho nadie más que nosotros sabe lo que sucede. Nadie más... 
Respiró profundo como si en su suspiro se derramara todo el sufrimiento de la humanidad, luego continuó: Y, mi niño, aunque sea extraño, tu fuerza proviene justamente de allí pues eres el hombre que lleva el amor como su lucha. 

Aprenderás a construirte tu propio mundo habitable. Podrás ver muy lejos, más allá de lo que ve la gente ordinaria. Verás el alma de las personas, verás inclusive sus pensamientos y deseos. Y algún día, eso si dejas de luchar con tu destino, podrás ver la mismísima mecánica del mundo; las conexiones que existen entre todas las cosas, las causalidades, las interacciones y las fuerzas que lo mueven todo. El viento, la piedra, el agua, y lo que moviéndose, mueve a otra cosa y crea el gran movimiento. Cuando así sea, anticiparás los avatares del mundo que habitas y serás un superhombre. Pero siempre estarás solo.

Esa es tu bendición, porque nadie podrá quitarte lo que posees. Nadie manipulará tus sentimientos, no conocerás lo que siente alguien que sufre por amar a otros, pero también será tu cruz: porque no encontrarás con quien compartir la dura carga que llevas. 

Cuando la soledad de aguce, te esforzarás, intentarás mover el rabo como los perros, y ser un idiota que disfrute de cosas triviales, pero, aun esforzándote, no lograrás estar mucho tiempo en esos lugares miserables. Ese jugueteo es para otros, no para ti. Te marcharás tantas veces como trates de interesarte en personas y cosas banales.

Se acercó a mí. Tomó mi mano entre las de ella. Su piel intensamente oscura y tibia contrastaba con mi palidez insípida y fría. Era como si la tierra misma me tomara la mano. Sus palabras me habían sumido en una profunda desazón, no estaba triste; sino que parecía haber perdido la esperanza. Ella, de algún modo lo supo. Sostuvo mi mano un poco más fuerte y me dijo:

―La esperanza aquí no sirve de nada, es un amarre, una distracción. Es apenas una forma infantil de negación que debes abandonar ahora mismo. Esperanza... ¿esperar qué? ¡tú no tienes nada que esperar! ¡Deja ese juego impotente y asume de una buena vez quién eres! Toma lo que te pertenece: tu lugar en el mundo. ¡Sólo entonces serás todo aquello de lo que eres capaz! 

Mi cuerpo asentía sabiendo que ella decía la verdad. No podría luchar contra ello, porque una parte de mí ya lo sabía y tan sólo necesitaba de su confirmación. A eso había venido.

―Tú lo sabes, afirmó dando voz a mis pensamientos. Tú lo sabes bien, y no de ahora, desde hace tiempo. Sabes bien que hubo gente en tu camino cuyo único objetivo fue ayudarte a despertar, provocarte para que tomaras tu espada y encarases tu lucha. Pero el resto del camino será solitario. Y el único alivio será allí, con algunos locos que batallan como tú, pero tampoco podrás distraerte mucho, porque cada cual tiene lo suyo, su tarea. Así como tú tienes la tuya.

Me levanté. Ella me acompañó hasta la puerta de la choza. Nuevamente tomó mis manos. Me miró despidiéndose, y salí. Ahora los hombres me miraban con respeto. Ella me había hablado.

Caminé sin dirección, sin pausa, a paso vivo hasta que mi cuerpo entero estuvo empapado en sudor. Tomé noción de que estaba perdido. No me importó. Todos los lugares me daban igual. No podía escapar de mí, no podía rehuir a mi destino. Sentía ser parte de algo tan grande que nada de lo que hiciera cambiaría las cosas, pues estaría haciendo exactamente aquello para lo que fui concebido. Así que me senté al borde de un acantilado al que había llegado. El sol se ponía. Me dejé deslizar por ese instante, sin tristeza, con una calma extraña, y me percaté de que estaba sonriendo. Me había dado cuenta de que nadie jamás podría arrebatarme esos momentos. Sentí todo lo que me rodeaba como si mis límites se hubieran disuelto y mi contenido se esparciera... Sentí diluirme en el Todo y, curiosamente, la sensación de soledad se disipó. 

viernes, diciembre 10, 2010

OHMAR

Kilómetros desérticos frente y detrás de mí. Ya no sabía cuánto había caminado persiguiendo un espejismo. Estaba extraviado. El aire era denso, podía sentir su viscosidad en mi garganta. Mis pies se arrastraban, y sentía que, en los últimos tres años, había envejecido diez. Nada tenía de atrayente el paisaje, ni siquiera veía ya los inspiradores espejismos que antes perseguí. Empezaba a sentir que nada tenía sentido, que no importaba qué hiciera ni hacia dónde fuera, no conseguiría lo que estuve persiguiendo: el amor de Esteban.

Me dije que eso no era para mí. Tenía que aprender a desistir, a renunciar. Mi problema es que no sé cuando abandonar una batalla y esta vez acabé como Pirro, rey de Epiro y de Macedonia, que en una batalla con los romanos, fueron tantas las bajas que tuvo a pesar de vencer, que dijo: Otra victoria como esta y tendré que regresar sólo a Epiro.

Soltar mi deseo era difícil; pero creo que el cansancio me fue ganando al darme cuenta de que hay sueños que no pueden ser, y derrotas que jamás se remontan. Dejar de lado lo que me inspiró en los últimos años y simplemente caminar sin expectativas era difícil pero era lo adecuado. En ese momento sentí que algo que había estado apretando mi pecho se disolvía y el aire se tornó más fresco. De pronto encontré un pequeño sendero, que conducía a una zona de piedras. Lo seguí y descubrí un delgado hilo de agua que, en otros tiempos debió ser un arroyo. Algo estaba cambiando en el paisaje. Vi vegetación al otro lado del arroyo y, un par de kilómetros más allá, se extendía un bosque. Seguí la huella. Mientras lo hacía, por primera vez en todo mi viaje, me sentí vigorizado. Ese largo camino recorrido inútilmente me había dejado más extenuado de lo que suponía. Llegué al bosque y me adentré en él. Podía escuchar sonido de pájaros. Los arboles se iban cerrando a medida que avanzaba, lo hacían más y más oscuro.

Unas aves extrañas parecidas a búhos blancos me observaban. Los búhos son nocturnos… es de día —reflexioné—. Pude divisar lo que parecía ser una cabaña en medio del bosque. me fui acercando con cuidado. Parecía deshabitada. Hecha de troncos, pequeña y sumamente atrayente. Entré. La casa estaba en semipenumbras, me llevó unos segundos adaptarme a esa oscuridad. El piso brillaba, y reflejaba la imagen de una anciana que, de espaldas a mí, cocinaba. No se dio vuelta, a pesar de yo haber abierto la puerta e iluminando toda la habitación. Estaba absorta en una especie de guisado que preparaba, ¡el aroma era delicioso!

Se volvió lentamente para mirarme con sus ojos enormes. Esgrimía una sonrisa increíblemente luminosa y apaciguadora. Me reconoció, y yo a ella aunque no sé de cuando ni de dónde.

—¡Qué bueno que llegaste! —dijo sonriendo— La comida está casi lista. ¡Preparé tu plato favorito! —Nos unía una conexión antigua e inexplicable. Traté de recordarla pero no lo logré. Me miró con ojos compasivos, como si estuviera completamente al tanto de lo que yo sentía.

Entonces me preguntó dónde había estado. Sin proponérmelo bajé mi cabeza y comencé a llorar. Me sentía inútil y vano:

—Me perdí. Estuve perdido errando atrás de un espejismo. Estuve años buscando algo que no existe. ¡Desperdicié un tiempo precioso y mis mejores energías para alguien que no merece la pena que no puede darse cuenta de nada!

—No te tortures, —dijo dulce y firme— estás donde debías estar, en el preciso instante en que debías llegar. Fíjate en esto, la comida, tu favorita, estaba lista cuando llegaste, no antes, ni después. Deja de torturarte. Cada cosa, cada momento, cada lágrima fue necesaria para que llegaras adonde estás. Hiciste lo correcto —nuevamente aseveró como si conociera toda mi historia.

—Pero no sirvió de nada —respondí—. Entregué lo mejor de mí a gente que no ve, que no valora y que no podrá aprovecharlo.
—No puedes ver ahora las consecuencias de lo que hiciste, porque eso sólo el tiempo te lo mostrará; y han de ser necesarios varios años para que puedas volverte, observar todo este tiempo, y darte cuenta de que nada hubo de errado. Nada de lo que hiciste sobró y nada faltó.

Aunque ahora no puedas verlo, creaste un cambio muy importante, una bifurcación en el curso de las cosas. Era lo que estaba escrito: ese era tu deber  —el tono de autoridad en sus palabras me tranquilizaba, luego continuó—: la vida fue dura con esa gente, —supe que se refería a mi pueblo— fue como una gran picadora de carne que los hizo pedazos. Llegaste para devolverles lo que otros les habían arrebatado. Sólo para eso. Donde no había vida ahora la hay, y está creciendo. Y te sientes vacío porque es lo que sucede cuando das vida con tu propia vida: una parte tuya sale de ti y se aleja para crecer y seguir multiplicando y creciendo en otro lugar.

Ya no te tortures más. Deja de exigirte hacer las cosas bien. El bien es sólo una forma de mirar la vida, una forma incompleta. El bien no existe en estado de pureza, para tenerlo puro debemos recortar la vida y dejar afuera una parte.

Me abrazó. Era el abrazo de todas las mujeres que me cuidaron. Me refugié en su regazo mientras lloraba, sintiendo que sus palabras tocaban mi alma, y también, que nada de ello me era comprensible aunque algo en mí sabía que todo estaba por fin en su lugar. Me relajé en su abrazo. Acariciaba mi pelo con suavidad y yo me iba deslizando hacia un sueño apacible. Miré a través del cristal de la ventana y vi unos seres altos, blancos, como columnas de mármol reluciente que formaban montones de círculos en todo el bosque. Luego comenzaban a caminar causando la impresión de girar. Tuve la sensación de que ese bosque no era en verdad un bosque. Que el camino que recorrí me había llevado a otro lugar y no podía entender cual era ese lugar. ¿Estaría soñando?

Siempre sentí que nada salía bien en mi vida. Me solía quedar con la pregunta y no miraba la respuesta que llegaba con el tiempo: a veces de inmediato, a veces mucho tiempo después. Siempre me sentí como un niño enojado con Dios, porque las cosas no eran como yo quería. Y a veces, cuando sucedían de ese modo, ya no me interesaban.

Ella tenía un efecto extraño sobre mí, me calmaba y me ordenaba. Empecé a ver con más amplitud mi propia historia. Empecé a percibir conexiones entre los hechos que nunca había visto. Tuve la clara sensación de que el universo no comete errores en sus cálculos. Todo está en conexión con todo en un equilibrio espeluznante. Un pequeño movimiento en un punto de la gigantesca red mueve un sinnúmero de puntos creando siempre algo nuevo, algo maravilloso, pero para el punto que inició el movimiento es imposible ver el todo, es imposible saber hasta dónde llegó su influencia y hasta donde marcó un cambio en la totalidad.

Mientras tanto, aunque yo no lo sabía, la vida de muchos había cambiado dramáticamente a partir del encuentro conmigo. Esteban pudo crecer, asumir su propia vida y hallar un rumbo. Dejó la vida nocturna y el trabajo en los bares. Dejó de ser un marginal y comenzó a estudiar. Se graduó y comenzó a atender niños. Casualmente niños con dificultades o niños maltratados por la vida. Se transformó más que en psicólogo, en un maestro; un mentor. Rescató muchas almas de la misma forma que él había sido rescatado. Algunas de las almas que rescató y también la suya propia, tuvieron un importante valor para la humanidad.

Ohmar, uno de los niños que atendió lo adoptó a él como “padre” le dijo una vez: “Qué bueno que me sucedió todo lo que me sucedió; que bueno que fui golpeado y abusado, porque de no haber sido así, jamás hubieras llegado a mi vida…” Esteban, lo abrazó muy fuerte y sintió que por fin su niño interior sonreía.

jueves, diciembre 02, 2010

El sueño más hermoso

Hace años que vivimos en un pueblo tranquilo, la rutina es la cuna en que nos mecemos. De vez en cuando llega gente nueva, y otros se van. Como en todo pueblo, al principio es difícil entrar en contacto con los lugareños aquí, pero después todo se va dando solo. A veces en la calle o forzados porque alguien no está bien y lo asistimos, o por el día a día... de una forma u otra nos vamos conociendo.

Desde que puedo recordar, esta ha sido mi morada. No conozco otro lugar. Quizás un día deba irme de este pueblo. Confieso que eso me provoca un enorme resquemor, pero no lo pienso. Lo desconocido siempre me asustó, no soy fácil para los cambios.

Con todo, en medio de nuestra valorada paz, a veces sucede algún evento digno de atención como hoy, que el pueblo estaba conmocionado porque nuevamente de Leandro: un muchacho algo extraño, pero muy querido por todos e
ntró corriendo a la capilla empapado en sudor completamente fuera de sí. ¡Sabe Dios desde dónde vendría corriendo sin parar! corría y gritaba que los muertos, de nuevo, lo perseguían.

No tenemos psicólogos en el pueblo, por la sencilla razón de que nunca los hemos necesitado. Nuestras cosas las resolvemos conversando con nuestros vecinos y amigos, con los consejeros espirituales. Pero Leandro hace mucho que se quejaba de ver siluetas humanas semitransparentes yendo y viniendo en las calles o en su casa. Siluetas llorando, gritando, peleando, siempre atormentadas, nunca en paz.

En una ocasión algo ocurrió con su pobre cabecita y permaneció una semana entera viendo esas cosas, imagino que son muertos, obviamente, ¡porque otra cosa no pueden ser!

Resulta que los veía corriendo, yendo y viniendo, totalmente enajenados, gritando, llorando,  chocando unos con otros. Toda la escena narrada encaja perfectamente con las descripciones de lo que todos nosotros entendemos por el infierno; o como mínimo, el purgatorio: Almas atormentadas, encerradas en una especie de ciudad de la que no pueden escapar, se pelean, se retuercen, sufren…

Parece ser que lo más destacable de estas entidades es que no conocen su condición de muertos —cuenta Leandro— ellos realmente creen que están vivos —asegura—, de hecho van y vienen, habitan casas… todo como si estuviesen vivos. Corren apurados a sus casas, clubes, trabajos como si vivieran! Debido a ello, a esta obstinada negación de su verdadera condición, es que temen horrorosamente a la muerte, a las enfermedades, a las pérdidas, en fin sus vidas de verdad son un infierno en el que naufragan ciegos.

Pues así es, Leandro tiene ese "don" que más bien parece una maldición de poder ver a los muertos. Otra cosa que, para Leandro fue de lo más aterrador, fue darse cuenta de que algunos de ellos nos pueden ver a nosotros. Si, así de aterrador como suena, pueden vernos desde ese infra mundo en que viven. Es horrible para él cuando lo buscan e insisten en hablarle. Muchos de ellos son niños que usualmente sólo lo miran, incuso a veces le sonríen; y algunos adultos muy extraños también lo hacen, otros le temen. Parecen ser sumamente supersticiosos en relación a nosotros. Cuando alguno lo encara es siempre aterrador, el pobre muchacho corre y corre hasta que sus fuerzas lo abandonan y llega a la capilla, el único lugar donde ellos no pueden entrar es el suelo santo. No es la primera vez que llega tan exhausto que cae desmayado.

Había ocurrido de nuevo. Esta vez fue peor, parece que uno de ellos lo tomó por el pie y no lo soltaba. Es aterradora la sola idea de que esas figuras semitransparentes puedan tocarte, pero sin duda, él lo sintió y por lo tanto fue real. Cuando sintió que lo aferraban se volvió para ver el rostro de una mujer, que , desesperada, gritaba: ¡quedate conmigo! ¡no me dejes!

Sus alaridos agudos perforaban los tímpanos de Leandro, los gritos le entraban en el cuerpo como dardos punzantes desgarrando sus fibras y creía que con sus gritos lo haría estallar. El dolor de ella era inmenso y se lo inyectaba de alguna forma haciendo que Leandro sintiera lo mismo que ella sentía. Fue el momento más espantoso que jamás haya recordado y el sólo narrarlo hacía que su cuerpo entero temblara.

Lo mas inquietante es que Leandro creía conocer a esa mujer, si bien no la recordaba había algo en ese rostro que le resultaba morbosamente familiar.

Nos reunimos en  la capilla para oír su "historia de muertos" y darle toda la compañía, el apoyo y el cariño necesarios, ya que el muchachito no tenía más familia que los vecinos del pueblo.

Cuando él llegó aquí con sus escasos veinticuatro años, la poca familia que le quedaba ya se había marchado. Se volvió un poco el protegido de todos.

Esa noche nadie tuvo la paz que solíamos tener. Las imágenes aterradoras de los muertos vivos nos desfilaban a todos por la mente y no conseguíamos conciliar el sueño. Nuestro pueblo siempre fue nuestro refugio pero había perdido una parte de su apaciguadora seguridad. Varios de nosotros deambulábamos los las callejuelas, la capilla los corredores y los jardines inquietos, tratando de asegurarnos que los muertos no estaban por allí.

Esa noche llegaron al pueblo dos familias. Una mujer se me aproximó, con expresión de estar desorientada, me pregunto qué pueblo era este. Supongo que venían manejando hace días por su aspecto. Estaban agotados y muy inquietos. El padre no dejaba de hablar de una de sus hijas que no estaba con ellos. ¿dónde estará ella ahora? —se preguntaba—. Algo en ellos me hizo recordar las narraciones de Leandro: inquietos, desalentados, tristes, perdidos... pero a esta altura estaba tan sugestionada que no podía pensar en otra cosa que esos horribles muertos que agarran de los pies. 
No entendí qué calle era la que buscaban, pero les dije que se acercaran a la capilla para calmarse y creo que les pareció buena idea. Los acompañé. Había vecinos allí también. Luego de un momento se fueron calmando. Y parecía que todo se iba a solucionar, Tarde o temprano encontrarían a su hija. Soy sumamente respetuosa y no iba a preguntar detalles, pero me parecía que se trataba de una adolescente que quizás se haya resistido a la mudanza. Ya vendría con su familia cuando se sintiera sola sólo era cuestión de tiempo. Al igual que otros que se mudaron a nuestro pueblo estos traían muy poco equipaje. Lo mínimo. Ideal para comenzar una nueva vida.  Muchas mudanzas suceden de un momento a otro, de pronto el lugar que habitas ya no es apropiado, empiezas tu vida en otro lado.

Había sido una noche agotadora así que me despedí amablemente de los forasteros, y del grupo congregado en la capilla. Mañana será otro día —me dije—. Llegué a la tranquilidad de mi refugio. Agradecí estar lejos de esos horribles muertos y me recosté. Mi madre dormía. Vi cómo un rayo de luna se reflejaba en la placa de bronce que lleva mi nombre en mi féretro.
Entonces tuve el sueño más hermoso que jamás haya tenido.



miércoles, junio 23, 2010

SALVAJES

...Ellos habían olvidado la lengua antigua y la sabiduría de todas las cosas; ya no podían comunicarse con los animales, ni con las plantas, ni con la tierra... Presos en sus moles de concreto, con el decorrer del tiempo se habían vuelto salvajes. Carentes de la memoria de quiénes fueron, pululaban, perdidos..., atacando y aullando a todo lo que no comprendían, peleando entre ellos.
Puede que el bosque sea un lugar común para quien lo visita, pero para los que vivimos en él dista de serlo. Quienes lo habitamos, no sólo percibimos cada vida que lo habita, cada nacimiento y muerte, sino que también tenemos nuestro propio lenguaje común a todas las criaturas. Hemos hablado la lengua antigua desde tiempos que la memoria no conoce, y, cuando el ser humano era aún un ser natural, compartía con nosotros esta lengua y la sabiduría de todas las cosas. Luego algo les sucedió y fueron olvidando todo: la conexión, el todo del que formamos parte, el amor que fluye como luz entre todos, y, a diferencia de nosotros, en vez de evolucionar, se han ido volviendo cada vez más salvajes. Perdieron también las conexiones con la trama energética que conforma el alma de la comunidad-mundo que habitamos. Conforme el tiempo pasaba, desconectados del "Todo", sus memorias se fueron oscureciendo más y más, y, como bien sabemos, allí donde el saber está ausente, supersticiones y mitos cavan sus madrigueras... así que los miedos fueron ganándolos y guiando sus vidas.

No obstante debo decir, para defensa de los humanos, que no todos son iguales. Algunos de ellos no han perdido completamente la conexión con nosotros a pesar de haber olvidado la antigua lengua. Unos pocos aún saben sentir a los seres de nuestra comunidad-mundo, pero son tan ajenos a nosotros que las criaturas del bosque fuimos dejando de percibirlos como parte de los nuestros y empezamos a sentirlos como extraños y peligrosos. Esos pocos que aún nos sienten, son vistos con recelo por sus congéneres salvajes.

Algunos niños humanos que nos perciben son “reeducados” o sea puestos en un "corsé mental" o intoxicados con químicos para que dejen de percibirnos. Los salvajes niegan la existencia de lo que no conocen al punto de castigar a los niños que perciben y hablan de nuestro mundo. Aprenden primero a callar lo que ven, y luego aprenden a anular sus percepciones de nosotros con el sólo fin de agradar a sus mayores. Curiosamente pueden llegar a bloquear completamente sus percepciones de nosotros y de nuestro mundo aunque sea difícil de creer, pueden tenernos delante y no ven más que lo que les es permitido ver. Nos ven como carne, o vegetales.

Por estos días, somos muy pocos de nosotros los que hacemos contacto con esas tristes criaturas. Sin embargo tenemos una tarea que hacer y la única forma en que podemos llevar a cabo nuestra tarea, es estableciendo contacto. 

Soy uno de los designados para esa tarea. El mundo está cambiando, y necesitamos intervenir en el mundo salvaje de ellos, la estrategia que venimos usando es la detección de los dotados con sensibilidad para poder enseñarles a sentirnos. Soy un rastreador. Puedo olfatear o escuchar las señales de un niño especial cuando está en peligro. Su vacilación y su pánico hacen resonar el aire cargado emocionalmente, provocando un sonido agudísimo, para nosotros, imposible de ignorar. El sonido atrae también a algunas criaturas que no tienen nobles propósitos, es por eso que debemos acudir de prisa cuando emiten el llamado, aunque sea a miles de kilómetros. Se les oye como un gemido de un animal agonizante que pide ayuda.

Mis patas son fuertes y al mismo tiempo tan ligeras que cuando corro ningún humano logra verme. Bueno, a decir verdad, ellos tienen esa capacidad de bloquear las percepciones que no desean. Hace siglos que nadie nos ve y por eso para ellos somos una leyenda, una superstición. Muchos dudan de nuestra existencia, lo cual no deja de ser una ventaja. Si supieran encontrarnos nos cazarían para quitarnos nuestro cuerno que es lo que nos hace únicos. Sólo hay treinta y siete de nosotros en esta tierra. Podemos comunicarnos entre nosotros y con las demás criaturas a través los sueños colectivos conscientes. Pocos humanos conocen el sueño consciente pues lo creen locura y les da pavor.

Llamamos "visionarios" a quienes en cualquier especie que se trate, se encuentran un paso adelante y resultan sabios guías para su colectivo. Suelen sentir el alma de su especie y tener visiones casi siempre reveladoras sobre el presente o el futuro, suelen funcionar bajo algunas modalidades especiales del sueño consciente. Los salvajes les llaman "Autistas" "Savants" o "psicóticos". Ignorantes de todo, creen que se trata de una enfermedad y les llenan el cuerpo con toscas sustancias para bloquear las visiones y la comunicación telepática multidimensional que poseen. Con sus antenas semibloqueadas sólo confunden todo y se deterioran mentalmente. Esto resulta de verdad inconcebible, ¿por qué desperdiciar el precioso consejo de un visionario? Al parecer estos conocimientos son para ellos amenazadores, no olvidemos que son criaturas salvajes y que se asustan con facilidad de lo que no entienden. Hace cientos de años que perdieron la capacidad de sentir la trama metafísica que nos conecta a todos, y tampoco recuerdan cómo desplazar la mirada hacia otro tiempo o lugar, es por eso que los visionarios son como poseídos por los demonios para ellos.

Cuando veo alguno de sus brillantes niños y luego de un tiempo vuelvo a verlos, pero ahora mutilado, cercenados su percepción y su conocimiento natural, una profunda decepción me embarga. No puedo evitar dudar del futuro de esa triste especie que, compulsivamente, apaga toda luz que intenta despertarlos a la consciencia. ¿Hacia donde se dirigen? ...ignorantes, ciegos y sin voluntad de ver o de aprender. ¿Qué será de nuestro mundo también? obligados a cohabitar con esos seres rudimentarios, sin lenguaje, sin mente colectiva que se comunican con sonidos guturales, y sin capacidad de sentir las vibraciones de otras almas. No pueden ayudarse unos a otros porque olvidaron cómo hacerlo, esperan todo del afuera, no existe la comunión de pensamientos, son como un cuerpo fragmentado.

Soy uno de treinta y seis rastreadores y, como dije, mi trabajo es detectar y asistir a los salvajes especiales que estén en peligro. Tengo un arsenal de recursos para operar a distancia sin ser detectado. Por ejemplo: mi cuerno es un poderoso instrumento de proyección de imágenes telepáticas. Puedo buscar un lugar cercano a mi objetivo, unos pocos miles de metros es suficiente. Me enfoco conectándome a la trama metafísica universal de donde proviene mi energía y envío mis mensajes directamente a la mente de mi objetivo. Sin embargo ¡no piensen que allí termina mi trabajo! generalmente están tan aturdidos o asustados que bloquean todo. Entonces debe hacerse un trabajo más lento y tedioso. Los humanos, por ser criaturas salvajes, poseen mentes fácilmente influenciables. Son ingenuos, y tienen muy corta memoria, así que es fácil que, quien los engañó una vez, pueda volver a hacerlo.Esta debilidad de ellos facilita bastante mi labor.

Desde que los hombres se tornaron salvajes, nuestros protectores decidieron dejarlos librados a su suerte. Esto significó que la semilla de su destrucción proliferó rápidamente y las consecuencias fueron nefastas. Es por eso que se ha hecho necesario intervenir nuevamente, antes de que, no sólo se destruyan a sí mismos, sino que destruyan a las criaturas más evolucionadas con que cohabitan.

La idea brillante que han tenido nuestros protectores, hace unos cincuenta años, fue implantarles un Gyr, u holocristal. Es un fragmento microscópico de un cristal multidimensional que es capaz de conectarlos directamente a la trama colectiva. Se encuentra en la glándula pineal, camuflado como una calcificación. El cristal es sensible a los campos lumínicos y les da acceso también a la memoria de todo lo olvidado, a través de impresiones holográficas a nivel molecular. Todo esta en el Gyr desde la lengua antigua hasta el arte de la comunicación telepática. Los cristales, al ser activados desprenden una luminosidad de color índigo dada por longitud de onda con que son programados-tallados. Cuando se activan entran en resonancia y emanan una luz tan intensa que en muchos de los niños humanos han conseguido verla a través incluso del cuerpo físico y por ello algunos los nombran como “niños índigo”. Estos niños ya con pocos años comienzan a recordar, y a veces usan la telepatía para comunicarse, pero, como dije, no siempre eso es bien visto por sus congéneres menos evolucionados.

La tecnología salvaje, sin embargo, ha conseguido desarrollar sustancias que envuelven y bloquean las conexiones del cristal con el sistema nervioso, con lo cual los esfuerzos por devolverles la integridad de sus memorias se ven malogrados. Por causa de ello perdemos una herramienta vital en la tarea de rescatarlos del mundo salvaje. Pero el problema más serio no es el bloqueo en sí, sino la deficiencia con que el mismo es hecho. Si sólo estuviesen bloqueados serían salvajes comunes y corrientes de los que uno encuentra en cualquiera de sus habitáculos de cemento tallado. Pero el mayor peligro reside en el hecho de que el bloqueo nunca es completo, por lo tanto, una parte de la información persiste desorganizada y fragmentada. Esos niños, desde pequeños, notan que no son iguales al resto de los niños. Por momentos se sienten confusos inadecuados o deficientes, y, de forma inconsciente, intentan seguir el plan para el que fueron concebidos. Sólo tienen fragmentos inconexos de su memoria por lo cual no logran interpretar las instrucciones ni hacer uso pleno de sus mentes. Pueden llegar a obsesionarse, enfermar, volcarse a las drogas, etc. Una parte de ellos tiene la certeza de que están aquí para algo importante; pero no tienen los recursos para instrumentarlo. Conservan el fuerte impulso hacia la acción, naturalmente, son guerreros, ya que está previsto que deberán enfrentarse a sus congéneres salvajes. Esto da por resultado un accionar en general hostil, imposible de controlar y catastrófico.

Ahí es donde entro yo; estos niños o adolescentes corren peligro y mi tarea es asistirlos. En primer lugar hago contacto, luego elijo mensajes que irán directamente al Gyr bloqueado activándolo y energizándolo para que pueda quemar las formaciones químicas que lo bloquean para así reconectarlo. Luego, cuando esto ya ha sucedido mi trabajo es ayudarles a procesar la información que por primera vez comienza a fluir integrada. Esto demanda un tiempo de acompañamiento en el proceso de recuperar la memoria, y adecuarse a ella: es la etapa de la educación. Se hace en contacto directo, pero claro, no podemos presentarnos bajo nuestra verdadera apariencia; ¡imagínense qué pasaría si un muchachito aun siendo un "niño índigo" hiciera contacto con un unicornio!

Los protectores han propuesto un recurso excelente para esto: el uso de intermediarios o "cuerpos humanos". Nuestra existencia consciente multidimensional nos permite operar en muchos al mismo tiempo. En estos receptáculos implantamos nuestros patrones sutiles y finalmente nos sincronizamos con ese cuerpo. Los cuerpos intermediarios o "avatares" nos permiten interactuar con ellos sin asustarlos, fingiendo ser uno de ellos. Es curioso porque los niños elegidos, aún los que se encuentran entorpecidos por alguna medicación, perciben y suelen saludar a los avatares como si ya los conocieran, es decir, que aun con los químicos, su instinto de buscar y reconocer a sus guías no se neutraliza completamente. Nuestros objetivos van desde la infancia hasta la adolescencia, pero últimamente nos focalizamos más en jóvenes y adolescentes ya que a esa edad es cuando mayor riesgo corren sus vidas si no son liberadas sus memorias.

Hay un aspecto tierno de estos adolescentes y niños/as. Ellos suelen llamarnos “papá”, “padre”, o “hermano mayor”, “hermano” “amigo” porque sienten la unión. Saben que hay lazos más fuertes incluso que los de sangre y, cuando se van tornando conscientes de sí mismos, empiezan a buscar palabras en su limitado idioma para aludir a esos lazos. Ellos son ávidos de saber, pues lo único que les puede dar paz es recordar. Por el principio de auto-organización cósmica, ellos sienten el impulso irresistible de la fuerza interior que los lleva instintivamente hacia su guía o mentor. El empuje es suave al comienzo pero, si no lo siguen, empieza a hostigarlos y se puede volver una obsesión.

El avatar es limitado pues no deja de ser humano. No puede correr a la misma velocidad que nosotros y debemos evitar que atraiga atención de los salvajes sobre sí. Los humanos se asombran frente a alguien que hace uso, aunque sea mínimo, de sus poderes naturales. Cuando se dan cuenta de que alguien tiene esa capacidad a la que ellos mismos por ignorancia renunciaron, se tornan supersticiosos. Empiezan a levantar altares, invadir las vidas de los avatares y pueden obligarnos a sanarlos, darles bienestar, amor, piden y piden y piden... Sus mentes regresivas los dejan en un estadio muy infantil en el que prefieren que otro obtenga las cosas para ellos, en lugar de despertar y usar lo que desde siempre poseen para obtener lo que quieren por sí mismos; en fin, ¡son salvajes!

El placer de ver crecer a mis protegidos es mi recompensa. Son demasiados los jóvenes y niños adormecidos que han perdido el rumbo y que están en riesgo, así que tampoco puedo demorarme con cada uno. Una vez liberados de los inhibidores de memoria, comienza el proceso de consciencia de sí mismos, de sus orígenes, de su lugar en esta tierra y de sus capacidades. Cuando comenzaron por sí solos este camino es que debemos dejarlos y partir, pues la intensidad de sus improntas es tal, que si no hacen aquello que vinieron a hacer, acaban autodestruyéndose directa o indirectamente.

Hoy es un día extraño, me estoy despidiendo de un humano que fue mi protegido por más de dos años. No ha hecho más que llorar. Se trata de un caso especial, pues su cristal no estaba inhibido por químicos externos sino por una educación salvaje que creó pánico y la incapacidad de acceder a su holocristal. Estaba abrumado por sus miedos, sus mecánicos rituales y sus imágenes terroríficas.

Confuso, con una capacidad de vinculación empobrecida, había estado siempre perdido buscando aceptación y confirmación de su persona. Agresivo y obstinado, sobreviviente a calamidades, conservaba aún los rasgos del guerrero. Nadie de sus salvajes cercanos parecía percibirlo. El estrés infantil había hecho que no viera otra forma de comunicarse que el sometimiento o la agresión. Se vinculaba con gente mucho más salvaje que él a través de códigos destructivos. Estos casos no siempre consiguen salir del estado de salvajes, aún activando el cristal. Suelen construir laberintos tan complejos en sus mentes, que el conocimiento, aún siendo liberado, no fluye. En ocasiones se vuelven adictos a la presencia del avatar porque su presencia los organiza, los hace más inteligentes porque la inteligencia natural que tienen se libera en nuestra presencia. Pero es fundamental que el avatar, llegado el momento se separe de ellos para que puedan despertar todo su potencial. De permanecer cerca nuestro detendrían su crecimiento, y no debemos hacer eso.

Así que me despedí diciéndole que él ya estaba listo y que otras personas me necesitaban. Me di la vuelta y me alejé tranquilo. Sabía que no nos volveríamos a ver, al menos no estando yo en el cuerpo que estaba. De pronto sentí una tristeza que perforó mi pecho. Me di cuenta que no podía ser otra cosa que las consecuencias de haber interactuado tanto tiempo con este humano y que en verdad esa tristeza era lo que él sentía. Sin duda, por el tiempo compartido, yo también había desarrollado las primitivas emociones del apego. Me alejé explorando este extraño sentimiento, y de pronto algo sucedió que no pude entender. El muchacho se lanzó contra mí, golpeándome con sus puños, me tiró al suelo y me golpeó mientras lloraba y gritaba que yo era lo único que tenía, que era el único con quien podía hablar, que no lo dejara, que no lo hiciera ahora que él había despertado... Golpeó con sus manos mi pecho y luego me abrazó llorando. Clavó sus dedos como garras que se aferran y ya no sueltan. Su rostro era el de un niño aterrado. Fue doloroso darme cuenta de que yo lo estaba abandonando y que él ya tenía suficiente de este ingrediente en su historia. No quise simplemente irme y dejarlo, pensé en contarle toda la verdad; sin embargo su cristal sólo estaba integrado a menos del veinte por ciento, y no iba a poder aguantar esa información.

Cuando te toca ser mentor y estás trabajando desde el avatar, son impredecibles las consecuencias que podría tener el revelar a alguien quién eres en realidad. Así que sólo volví a abrazarlo y sentí su tristeza como una mano fría internándose en mi pecho de avatar. En ese instante llegué a conectarme con memorias de él que me mostraron que yo había sido la única forma de vida con la que él realmente había tenido un lazo profundo y verdadero. El único que lo había mirado con respeto por su humanidad. Me invadió la pena, y quise explicarle que ahora este contacto podía hacerlo con sus congéneres y que todo sería diferente. No lo hice. Yo mismo sabía que este pequeño guerrero no tendría el camino fácil. No era en modo alguno un consuelo: ambos sabíamos que sus congéneres eran salvajes, y que lo que tenía por delante era nada menos que vivir entre idiotas intentando despertarlos y sabiendo que tratarán de destruirlo, que no lo verán, y que querrán quitarle sus talentos y arrastrarlo a su vida salvaje.

No fue fácil partir. Horas después se pudo calmar, quizás agotado por su llanto, entonces me despedí. Mientras me alejaba, la onda de su tristeza se expandió como cuando lanzas una piedra a un lago en calma y pude percibirla a kilómetros de distancia. Sólo espero que su dolor no lo haya transformado en alguien resentido, pues todo lo conquistado se perdería. Lo más probable es que, de ser así, me odie y no pueda llevar adelante su tarea de guerrero. Pero estos riesgos son posibles. En ocasiones he tenido que provocar dolor, o herir los sentimientos de algún joven para alejarlo. Usé su enojo como fuerza de sostén para que pudiese pararse por sí mismo. Es la parte menos grata de nuestra tarea, pero es necesario, pues cuando por primera vez alguien te comprende esencialmente es algo que no quieres perder.

Volví con mi clan. Tenemos ahora una tarea titánica por delante. Los tiempos se acortan. Hace años que estamos armando nuestra legión de guerreros. Nos preparamos para vaciar una gran cantidad de energía/información en el campo del colectivo salvaje. Venimos usando, como es obvio, la poderosa herramienta del sueño consciente. La noche se hará día cuando terminemos. A través de sus sueños iremos entregando cada día grandes cantidades de conocimiento que los lleven a despertarse. Será tan vívido que algunos de ellos no podrán diferenciar sueño de vigilia. Muchos despertarán sin ninguna otra intervención, pero otros se encontrarán invadidos por imágenes vertiginosas como un alud, y tal vez sus mentes básicas se desorganicen sin que podamos prever las consecuencias. No tenemos mucho tiempo y esto nos obliga a trabajar de formas más radicales. 

He disfrutado muchísimo de mi tiempo como mentor. Fue una tarea muy gratificante, y dio sus frutos. Los jóvenes guerreros me han dado mucho afecto y también batalla; porque ellos jamás aceptan las cosas “porque sí”, son batalladores natos. Ahora llegamos a otro tiempo. Los guerreros ya se están encontrando entre ellos y están trabajando en grupos. Después de la activación del resto de los cristales, los humanos carentes de alma comenzarán a mostrar lo peor de sí mismos. La humanidad comenzará a polarizarse en dos grandes grupos, los despiertos y los dormidos o negadores. Los dormidos vagarán aullando a todo lo que no comprenden, como lo han hecho siempre muchos de sus congéneres. No podrán recordar más que ese aullido sordo y triste. Los despiertos comenzarán la segunda etapa...

domingo, junio 13, 2010

MI AVATAR


Avatar: Cuerpo sustituto usado somo vehículo para actuar en diferentes dimensiones de existencia, como por ejemplo la existencia virtual.


«(...) Desde siempre supe que ciertos juegos no son "sin consecuencias". 
Existe un delicado equilibrio entre los mundos, y, si se quiebra, inevitablemente alguien pagara las consecuencias...»

Giró la pagina de  viejo diario.

«(...) Los mundos se influencian mutuamente por resonancia mórfica. Son como Fractales. Esto significa que lo que sucede en uno se traslada tarde o temprano al otro.»


Al principio mi intuición me lo decía, cuando, escribiendo mi primera novela, empecé a entrar a esos estados alterados de consciencia y uno de sus personajes —Pablo— empezó a visitarme en sueños. Siempre de forma grata. trataba de persuadirme de seguir escribiendo, decía que tenía mucho que contar. 

Pasado un tiempo me fui dando clara cuenta de que no era yo quien creaba su realidad, sino él mismo, que me la iba revelando. No estaba "creando" como pretenciosamente había pensado, sino que estaba "describiendo"

Lo recuerdo:
Cada vez que vas y vuelves por esos corredores entre este mundo y aquel, tus criaturas reciben el alimento de tu intención. Con cada viaje se fortalecerán y llegará un momento en que te hostigarán. Para bien o para mal... 

Pero —argumenté— ¡es que sólo se trata de una ficción! ¡Me gusta escribir y me dejo llevar!
No seas ingenuo, sabes bien que no es sólo eso. Sabes que ellos te enseñaron cosas nuevas. ¿de dónde crees que sacan ese conocimiento? Si fueran creaciones tuyas simplemente repetirían lo que hay en tu memoria, pero no. Ellos toman tu vida y la llenan de nuevos mensajes, traen datos de sus mundos, a veces incomprensibles, pero siempre sorprendentes. Sé de personas que nunca pudieron librarse del acoso de esos seres me dijo gravemente. Una niña escritora, fue acosada sin poder dormir semanas enteras, sus "amigos" fuera de control en su propio mundo, lanzaban tormentas de imágenes contra ella, invadiendo pensamientos, el ánimo y quebrando su equilibrio... La muchacha se arrojó por la ventana de su departamento quitándose la vida. Pero no te creas que le hizo daño a ellos. Simplemente tuvieron que esperar para ir tras otra persona que les sirva de puente para afectar nuestro mundo. Es mejor que dejes todo eso ya mismo concluyo serio.



Pero ¿que hay de malo en escribir una historia y luego dejarla?
No puedes crear una existencia y luego desentenderte de ella, tus pensamientos moldean la materia psíquica, la construyen, la animan, la dotan de sentimientos. Debes hacerte cargo porque eres el Dios que los crea y los dota de vida y sentimientos. Luego ellos existen y como ya te lo he dicho antes: "incluso los seres imaginarios se aferran a la vida"  es por eso que no te dejarán en paz.

Lo supe cuando descubrí a Javier (uno de mis personajes ahora muerto). Era verdad. Él fue una idea al comienzo... pero, poco a poco fue creciendo, devorando conocimientos y nutriéndose de cada experiencia que se le ofrecía. Apenas entró en contacto con el mundo ya nada lo detuvo, se lanzó a sentirlo con todo su ser, a explorarlo, a devorarlo, y creció en pocas semanas tanto que comenzó a enseñarme a mi. Me mostraba nuevas formas de sentir, de experimentar la realidad.

Su breve existencia me dejó, además del amargo recuerdo de su muerte, una cantidad increíble de reflexiones acerca de mí mismo. 

Cuando el estaba su lugar en mi vida había ido creciendo. Al final estaba siendo asimilada por Javier y se iba debilitando, mientras él se iba tornando el único lugar habitable dentro del grisáceo repertorio de posibilidades que tenía mi vida de entonces. 

Hoy hay nuevas líneas terapéuticas como la "psicología cibernética" que estudian los efectos positivos de estas prácticas sobre el desarrollo de la personalidad.

Ellos no son ni buenos ni malos per-sé. Todo depende de qué aspecto de su creador se haya encarnado en ellos, creando como un presente alternativo que sin embargo tiene efectos sobre nuestra realidad.

Los mundos alternativos son un terreno poco investigado desde la cibernética pero harto conocido por chamanes, brujos, y hechiceros ya que la capacidad de los Avatares o hijos astrales, de operar efectos sobre este mundo no es diferente de la que tienen brujos y hechiceros.

Por eso, aunque parezca un juego inocente, crear una entidad y nutrirla, dejarla crecer es perturbar las fuerzas que gobiernan el ancestral balance entre pensamiento, materia, forma y energía, parte de lo que antiguamente llamaban "Artes prohibidas".

Cuando Javier, el más querido de todos mis avatares, murió, pasé días enteros perdido sin saber que hacer en este mundo.

RE-CONOCIMIENTO

Pasamos demasiado tiempo lejos. Seguí demasiado tiempo vivo tras tu muerte; suficiente como para que mi alegría se corrompa, se ponga rancia y áspera, irónica. Pero sabía que volveríamos a vernos. hice el esfuerzo. Las luces nos atravesaron muchas veces, siete si mal no recuerdo. Volamos como aves, y desaparecimos luego. Entonces supe que la única forma de encontrarte era volver al abismo, a la vida. Salté esperando llegar juntos, pero un error de unos segundos son luego años aquí abajo. Esperé mucho y no llegaste. ¡Esperé tanto! hasta que al fin te vi aparecer....reluciente, joven, feliz. Nos reconocimos, pues quienes nos guían te dieron las pistas necesarias.
Al vernos se revelaron nuestros pasados, sin embargo no estábamos aún listos.
Nos sorprendió conocernos y habernos olvidado tanto. Chocaron nuestros mundos, y no pudimos sobrevivir. De nuevo estamos muertos. esperando, solo que ahora, caminamos.