miércoles, agosto 17, 2011

NO HAY REGRESO


Un día cualquiera
caminas por la ciudad desprevenido,
y de pronto te das cuenta
de que ya no hay retorno 
a lo que eras...


Eso de enamorarte cambió tu vida
de un modo que no entiendes.
Perdiste algo tuyo.

Ahora el viento y el sol te arden
cuando no vas de su mano, 
como si hubiesen arrancado tu piel.

Te sientes torpe andando solo
por las veredas húmedas,
sin los otros pasos para acompasar;
es como cojear.

El deseo es vergonzante,
no sabes qué hacer con él
porque te fuerza a ver
que tu cuerpo aún recuerda.

Perdiste algo importante: 
la cubierta de tu mundo
debajo de la cual
se escabullía tu soledad; 

Ahora anda suelta 
y desfila obscenamente
por todos los rostros, 
por todos los besos...
y tú, desnudo en el invierno.

Ahora tu mundo rechina cuando gira,
gime a cada vuelta.

Tu cabeza no puede más: alucina 
regresa obstinada al tiempo 
en que amabas desprevenido, 
ingenuo...
y pensabas que tu  felicidad 
había llegado para quedarse.

¡Estás condenado!
a ser frágil, incompleto, cruelmente humano;
a seguir buscando, a no encontrarte.

Sabes que nunca volverás a lo que eras;
mas, al perder, también ganaste 
...tu derecho a sentir, 

No te conformas, 
no lo aceptas, 
te enojas,
y cometes el peor pecado posible:
maldices el haber tenido aquello
que no pudiste conservar;

Abjuras de tu historia
y entonces,
pierdes la memoria
y, lógicamente
 vuelves a comenzar.

viernes, julio 29, 2011

LA ELECCION DE ALEXANDER

...Así como algunas personas dejan el mundo mejor de lo que lo encontraron; él es diferente: es fuego siempre busca alimento; esa es su naturaleza. También da calor, pero  lo hace al módico precio de arrasar todo a su paso...





Alexander tenía seis años y padecía una rara enfermedad. Su sangre se negaba a coagular de forma eficiente, posiblemente similar a la hemofilia con el agravante de que sus glóbulos rojos se licuaban a pesar de no haber padecido hemorragias. Intentaron los tratamientos que el hospital les podía dar, ya que la familia era de condición humilde y no podían darse el lujo de tener atención privada. No mejoró. La muerte empezó a mostrarse como destino inevitable. Los médicos no sabían que hacer.

Entonces Norma, la hermana mayor de Alex, sin consultar a nadie fue ante los señores de la oscuridad. Sabía que no estaba permitido hacer eso sin embargo en su desesperación ante la posible muerte, o quizás intentando ponerse por encima de todos demostrando que podía hacer algo grande, se presentó y pidió que hicieran que su hermano viviese. Ellos no acostumbraban hacer concesiones, pero, dadas las circunstancias, había algo en la propuesta se les hizo atrayente y decidieron aceptar. 


El niño era inteligente, vivaz y seductor. Dejarlo vivir seguro que podría proveerles alguna utilidad a esos señores.

La observaron con seriedad de piedra y luego de un momento le dieron a elegir; le dijeron: "¿el alma o la vida?". Ella se sorprendió y no entendió muy bien a qué se referían. Pero en su ignorancia pensó: "¿para que quieres un alma si tienes la vida?", así que repitió su frase anterior: por favor hagan que no se muera, no importa lo que haya que hacer para pagarles. Entonces dijeron: ¡concedido! puedes conservarlo. En ese preciso instante un brillo como de chispa que había en los ojos de Alexander, se extinguió.

Continuó vivo, es cierto, pero no era más que un cascarón vacío. Andaba siempre solo. Nunca se sentía a gusto. Deambulaba confuso, sin apasionarse por ninguna cosa ni por ninguna persona. Incapaz de sentir amor por alguien, incapaz de conmoverse con el dolor ajeno. Era fuego, sólo buscaba alimento, esa era su naturaleza; también daba algo de calor al módico precio de destruir todo a su paso. No sentía siquiera el deseo de ver a su propia familia, sin amigos ni vínculos duraderos. Nunca sintió necesidad de darse a alguien, de compartir su intimidad, sus sentimientos pues estaba incapacitado de sentir. Andaba indiferente a todo, perdido en sus movimientos repetitivos, como un cuerpo mecánico sin voluntad propia. El atractivo de las cosas o las personas duraba un breve tiempo; el tiempo que tardaba en decirse: "lo conseguí" acto seguido todo se volvía descolorido y por lo tanto desechado.

Poco a poco se fue transformando en un muerto vivo, un depredador que "secaba" a las personas que encontraba a su paso. No podía detenerse. Cuanto más luminosa era la persona más lo estimulaba a deshacer su vida, a carbonizar hasta el fin esa existencia, cosa que en general lograba fácilmente. Conseguía dejar a las personas tristes y desoladas. Nadie llegaba a entender a tiempo su verdadera naturaleza. Vendía su desprotección, su ingenuidad, su alegría... y disimulaba bien su frialdad que impulsaba sus actos predadores.

Nada aliviaba su inacabable vacío. Su vida sin color, todo era igual: que algo resulte bien o que no, le daba igual. Cada vez que conquistaba una meta lograba saborearlo unos minutos y luego perdía brillo. El vacío era la única constante que había en su vida.

Supe su historia: jamás le habían dado a elegir, pues todo se había decidido cuando era pequeño sin consultarle. Hice lo que debía: lo llevé con los guardianes de la ley quienes al verlo
Le hicieron la pregunta que estaban obligados a hacerle. Esta vez sin titubear dijo: "quiero conservar mi alma".

Ya que cuando pequeño habían elegido por él, quizás hubiera una pequeña esperanza de revertir el acuerdo... Prefería ahora renunciar a esa vida inerme y sin sentimientos que tenía. Siempre lo había perseguido el miedo a morir joven, quizás en algún lugar sabía cual sería su elección si se le ofrecía revertir el pacto, quizas algo en el sabía que esa vida que tenía no le pertenecía, era antinatural.

No podemos torcer el orden de todas las cosas, si lo hacemos creamos un desbalance tan grande que posiblemente arrastre consecuencias nefasta su corrección. El muchacho sabía que el mundo no era su lugar, y quizás cada vez que llevaba a alguien a la muerte o a la destrucción, expresaba su propio deseo, de ir a donde su destino lo aguardaba.

Era un día soleado. Alexander Caminaba tranquilo y de pronto su celular se encendió con un mensaje. Fijo en las letras, Alexander cruzó la acera. Un auto cuyo conductor también iba fijo en las letras; paradójicamente las mismas letras, lo encontró a su paso.
Alexander se recostó sobre el suelo, como quien se echa a descansar.

Mientras miraba al cielo, en el fondo de pavimento detrás de su cabeza, un círculo rojo oscuro le ponía un marco a su retrato. Por primera vez en su vida sintió algo. Sintió que de verdad se unía con el todo. Sintió el amor. Irónicamente estaba muriendo, pero los 23 segundos que duró su consciencia antes de apagarse fueron el tiempo que por primera vez se sintió de verdad vivo.

domingo, julio 03, 2011

ONCE DIAS

“SOMARENT” decía la tarjeta pequeña que me entregara la llamativa joven en la fiesta. Me costaba entender que a mis cuarenta y nueve años ella, bonita, de no mas de 28 años y sumamente inteligente, se fijara en mi... Al ver mi conflicto ella se apiadó y me dijo: ―mira, muchachito, en verdad, para mi eres un joven muy interesante. ¿Joven? -inquirí pasmado- ella con una sonrisa me dijo, es que yo en verdad tengo más de setenta. Pensé que se reía de mi, que me tomaba el pelo, quise cambiar de tema y alejarme, pues, por bonita que fuese no permitiría que se burle de mi. Me aseguró que esto que veía no era el cuerpo de ella, sino uno alquilado, ya que ella tenía setenta y siete años y su movilidad estaba muy limitada. -Es simplemente un cuerpo que alquilé por unos días -dijo sonriente. ―Si no me cree vaya Ud. mismo y véalo-. y me entrego esta tarjeta.

Luego de algunas dudas mi curiosidad pudo más; quizás por el hecho de que aquellas preguntas que desde pequeño me hice, como por ejemplo ¿que será lo que vincula a una mente con un cuerpo?
Entré, consciente de que si dejaba crecer la duda me quedaría quizá horas yendo y viniendo frente a la puerta del local. El lugar era sencillo, una antigua casona reciclada. Una entrada imponente, boisserie de roble oscurecido por los años, un escritorio antiguo disonante con el monitor LCD que tenía encima. Me presenté solo con mi apellido. Presentarse con el apellido sin duda pone cierta distancia y da un carácter más formal, así mostraba que mi interés era “serio” y quizás disuadiría a las personas que no fueran serias de intentar conmigo algo “poco serio”. Hice saber a la recepcionista mi curiosidad. Fui amablemente invitado a tomar asiento mientras ella ubicaba a un representante que me asesoraría. En pocos minutos se presentó un hombre ataviado según dicta el perfil del arquetípico vendedor de electrodomésticos. Al verme se colocó en la cara una amplia sonrisa, como si me conociera de toda la vida y estuviera realmente feliz de verme.

─Estimado Señor... lo miré y me di cuenta de que esperaba que le dijetra mi nombre, nuevamente mi apellido ─Alzaga... ―Por supuesto, Alzaga, entonces, ―yendo al grano― ¿está buscando alquilar? ─dijo con su sonrisa bien adherida. Realmente parecía feliz de verme─
Permítame mostrarle nuestros productos, estoy completamente seguro de que encontrará algo que lo satisfaga.



Aqui tiene este. Debajo de una camilla vi el cuerpo de un joven de unos 26 a 28 años, sus facciones eran perfectas, parecía dormido. Estaba en un estado físico óptimo. El vendedor de electrodomésticos, se dio cuenta de mi shock, y comenzó a hacer el download de información.
Este "soma" tiene 26 años, tiene una excelente performance de respuesta biomotora, sus características biológicas son lo más cercano a la perfección que se imagine. no experimenta ningún tipo de limitación en lo referente a las funciones normales de todo ser humano. El cuerpo tiene las medidas standard y en las encuestas al 87 por ciento de las mujeres les gusta y al 16 por ciento de los hombres, es decir que tiene un perfil mas exitoso entre mujeres, pero obviamente Ud decidirá el uso que le quiera dar.

-¿Como dice? -no estaba seguro de entender lo que me estaba explicando.
-Claro Sr. Alzaga. Los ejemplares son absolutamente libres de programación, así que Ud. puede vivir cualquier tipo de situación que desee con la persona del sexo que desee. -si había entendido, esa parte del intercambio sexual... no esperaba que fuera tan llano al respecto.

Asimismo si prefiere una experiencia absolutamente nueva e imposible de imaginar puedo sugerirle experimentar un par de días con un cuerpo femenino. ¡Le aseguro que los hombres no tenemos la más mínima noción de lo que es ser una mujer en nuestra cultura!

Todos los ejemplares tienen entrenamiento físico, y están en optimas condiciones. Excelente genética, son estables y sumamente ágiles. Tiene También de mas o de menos edad. Por razones legales no podemos proporcionar cuerpos de menos de 18 años. ¿Sería para Ud.?
─Si.
─¿Alguna vez lo hizo?
─Nunca. Siento una gran curiosidad.
─Estoy seguro que le encantará. Yo mismo lo experimenté, porque Ud. sabe que uno no puede ofrecer un producto que no haya probado. Es fantástico, simplemente único. -el vendedor parecía un adicto ofreciendo probar su mercancía.
─Claro, yo creo que me gustará hacerlo.
Mientras tanto lo seguía por un pasillo con varias puertas, empecé a dudar, pensé en salir corriendo. Llegamos a una sala apenas iluminada. Ahí estaba. Lánguido, armónico, tendido desnudo sobre la plataforma que parecía de vidrio. Los ojos cerrados. El cuerpo joven pero perfectamente desarrollado. Bello, con cierta inocencia infantil y sin embargo vacío. Respira!, ─observé, mirando al hombre de traje.
─Por supuesto. Las funciones vitales continúan activas, solo que las reducimos en un 50 % para preservarlo mejor, si las suspendiéramos el soma se dañaría.

Algo en ese cuerpo me enterneció, sentí mientras lo miraba en toda su indefensión, en su desnudez una suerte de compasión, una melancolía, por aquello a lo que él nunca podía acceder. Allí tendido esperando a que un cliente pagara por habitarlo.

―Me gusta. ¿Cuál es el precio?.
―dependiendo del tiempo que lo desee... Un día entero pues veinte mil, dos días treinta y cinco, vea, sé que no es barato pero observe este cuerpo, mire esta piel, posó su mano sobre el abdomen. Me sentí molesto. ¡tiene detalles únicos! ―dijo como si estuviera mostrándome un automóvil.

─Necesito más tiempo.
─Por una semana... que es el tiempo máximo permitido... podemos hacerle un precio de cien mil.
─¿Y por más tiempo?
─Los lapsos mayores a una semana no están autorizados.
─Que pena... entonces no me servirá ─me volví como para retirarme.
─Señor, hay cuestiones técnicas, tiene que ver con la normativa y es imposible cambiar esto ¡Sucede que su esencia se impregnaría en él y sería cada vez más difícil cuanto más tiempo pasase!
―Bien, entonces no me sirve.
―¡Aguarde! podemos pensar en alguna solución. El "soma" necesita reposar y reciclarse después de cada uso. Si quiere puede tener este por una semana y luego cambiar a otro idéntico la siguiente semana, eso sí podemos hacerlo y ¡le aseguro que nadie notaría la diferencia! ¿Estaría bien para Ud.? ¡por supuesto que tendríamos una consideración en el precio! ¿Que tiempo tenía Ud en mente?
─No me sirve.
─Son las instrucciones que tenemos, lo siento señor, ellos son muy estrictos con estas cosas. El soma debe preservarse, y su algoritmo original debe mantenerse sin contaminación. La interacción prolongada podría afectar el algoritmo y el soma empezaría a recordar memorias de su huésped.
─No se preocupe. Ya encontraré la forma ─salí de la habitación y me encaminé hacia el corredor, cuando escuché su voz agitada casi en un grito:
─diez días y ni un minuto más-
─Once
─Diez y ya me estoy metiendo en líos.
─Esta bien, acepto.

Una hora más tarde ya habían tomado las muestras de mi sangre, y procesaban mi algoritmo. Tendrá un período en blanco de cinco o diez minutos pero es necesario que Ud. esté inconsciente. ¡No se puede despertar en dos lugares al mismo tiempo!

Miré mis manos se veían delgadas, suaves, mi nuevo cuerpo era fuerte, podía sentir el poder en mis músculos, miré a mi alrededor, no necesitaba lentes para hacerlo, mi vista era perfecta. Me puse de pie lentamente, cada músculo estaba en perfecta armonía con mis pensamientos, cada orden mía era obedecida por el cuerpo. La sensación era indescriptible.

Permita que le traiga algo para vestirse. Sólo en ese momento me di cuenta de que estaba desnudo, y no sentía frío.
No puedo negar que una sensación de melancolía me embargó cuando vi mi cuerpo por última vez.... tendido en la otra mesa, como un viejo cascarón. Me despedí para siempre y salí con un paso firme. Había olvidado lo bien que se sentía ser joven.

martes, abril 05, 2011

Atziên y el Dragón

(Inspirado en los Dragones de Úrsula K. Le Guin)
Atziên, enérgico, subía la montaña. Sus pies prensados por pieles de animales y su cuerpo grande y bien abrigado le permitían soportar el contacto con la nieve. Su calzado casero evitaba además que resbalara en el hielo, o se hundiera en la nieve. Portaba una lanza y un hacha. Su mirada estaba enrojecida de ira. Iba de caza. Estaba determinado a matar o morir.

La bestia maligna había destruido totalmente su comarca y se había hecho con las vidas de todas las personas que halló a su paso. Atziên era el único mago y guerrero en la aldea y su función era defender la aldea de cualquier amenaza, sea humana o no. Sólo él podía enfrentarse a la criatura quizás porque también había algo animal en él. Su pelo rojo y abundante, barba, pelos, dureza, su tamaño... todo aquello más una mirada salvaje lo hacían temible. Quien lo viese subir la montaña supondría que él era el salvaje que devoraría a su presa, y no a la inversa.

Llegó a la cima y pudo verlo. El dragón tenía treinta veces su tamaño, pero aún así lo encaró con toda la fuerza de su atención. La atención lo es todo, no importa qué hagas, cuando la atención está plena, marca una diferencia abismal. Las miradas de los magos no sólo ven, sino que también, merced a un enfoque de su voluntad, ejercen control sobre quien los mira. Ambos usaban su poder midiendo a su adversario.

Luego de unos minutos de girar mirándose fijamente, Atziên pudo entrar a la mente de su enemigo y para su asombro descubrir que el dragón sentía pánico. La bestia estaba aterrorizada de verlo. Cosa extraña, pues los dragones en combate con humanos suelen vencerlos, incluso a los magos. Pero este dragón temía y eso sí que era inusual. Atziên hurgó la atávica mente y por fin descubrió el motivo: el dragón llevaba vida dentro de sí. Era una hembra y guardaba en su cuerpo un huevo fecundado. Ese hecho sucedía cada 200 años, y estaba sucediendo en ese momento. La hembra de dragón temía, no por su vida, sino por la vida de su cría.

Por ser las criaturas más antiguas del universo, los Dragones habían descifrado la naturaleza de las fuerzas que enlazan materia, energía, forma y pensamiento; y conocían el modo en que el molde energético modulado a través del pensamiento, confiere forma a la materia. Este saber les permitía, merced a un esfuerzo de su voluntad, modificar la estructura y configuración de su propia materia.

No era una simple ilusión, era mucho más que eso, podían efectivamente cambiar de forma a voluntad. Sin embargo, dicho arte entrañaba un riesgo fatal: si permanecían demasiado tiempo, la nueva forma podía impregnarse en la materia tan fuertemente que era posible que quedaran atrapados para siempre en esa forma. Se rumorea que habitan entre nosotros algunos dragones atrapados en formas humanas. Ni los dragones ni tampoco los humanos pueden cambiar de forma durante una gestación. Así que no podía usar todo su poder, pues, si cambiaba su forma podía afectar la vida de su cría y este era un riesgo que ella no iba a correr. Es por eso que no usaba su magia contra Atziên, y es por eso que estaba aterrada.

Al descubrir esa vida inocente, Atziên se dio cuenta de que no podía matar a la bestia. Los Dragones no eran necesariamente criaturas del mal. Sólo algunos, como aquel, perdían su rumbo, y Atziên no podía matar a una criatura que no fuese maligna pues eso iba contra su función en el cuidado del balance del universo, y con aquello que le proporcionaba su poder, el ser un servidor del balance.

El conflicto lo embargó pues Atziên sabía que esa bestia, aun en el  estado en que estaba y no pudiendo usar toda su magia, podía con una exhalación evaporar a un humano. Así que hizo una elección. La más difícil de su vida.

Puso un sortilegio de amarre sobre el dragón, como si lo atara con una cadena mágica, para que no pudiera volar. Usó uno de alianza con la tierra,  un tipo de sortilegio que pocos magos dominan y hace uso de fuerzas de la naturaleza para sujetar algo por atracción. Se aseguró de usar un sortilegio que no dañaría a la criatura inocente. Apenas lo hizo escuchó las amenazas del dragón, pero sabía que no lucharía.

Atziên no vaciló. Fue a la comarca y se despidió de su pueblo para siempre. Lloraron amargamente sin cuestionar la decisión del mago pues sabían que él obedecía designios, y podía elegir su destino. Sabían aunque no lo entendieran que era el único camino posible. A veces separarte de quien amas para su propio bien es el  mayor acto de amor.

Atziên subió al cuello del dragón, y lo liberó del sortilegio. Ella inmediatamente alzó vuelo sin intentar siquiera librarse de él. Se había conectado mentalmente y ahora Atziên gobernaba el vuelo, y el dragón  volaba ciego. Luego de meses de vuelo llegaron a una isla pequeña en los confines del mundo. Atziên puso un sortilegio de encierro mil kilómetros a la redonda. Llevó seis días concluir la tarea.

El dragón lo observaba indiferente y cada tanto se sumergía en el mar cazando peces para alimentarse. Cuando concluyó se sentó frente al dragón y dijo “ahora estaremos en paz”. Y luego abrió su mente al dragón para que supiera cual era su propósito. El dragón supo que nunca podría abandonar esa isla. Que Atziên se había convertido en su guardián y había decidido alejarse de su mundo conocido para recluirse en los confines y vigilarlo el resto de los tiempos que ambos tuvieran. Al descubrir esto, el  dragón dio un alarido tan fuerte que se escuchó hasta las comarcas más distantes del mundo.

La cría nació y fue creciendo en compañía de su madre y de Atziên . Reconocía a ambos como las únicas criaturas del universo para él. Dialogaban con sus mentes y Atziên lo educaba al igual que su madre lo hacía. Conforme pasaba el tiempo la madre dragón fue olvidando su sed de personas, y su deseo de escapar, pues cualquier hábito bueno o malo que no se ejerce es, con el tiempo, olvidado. Nació una relación particular entre los tres, tan íntima que sus mentes podían oírse una a otra y tenían sueños conjuntos también. En dicho acercamiento, los animales se tornaron un poco humanos, y Atziên despertó aún más su aspecto animal. Se desdibujaba la linea entre animal y humano, entre el bien y el mal; Ahora todo era naturaleza.

Y es esta la historia de Atziên, un mago guerrero que por amor a los suyos supo renunciar para siempre a la presencia de quienes más amaba para convertirse en guardián y protector de una criatura antigua cuya alma oscurecida por dolores atávicos la había llevado a asediar a su comarca.

Pero esta historia fue mucho más lejos, porque quinientos años después, la cría del dragón ya era adulta, tanto su madre como Atziên habían muerto, un extraño día ella emprendió el regreso a la tierra donde fue concebida. Supo como llegar pues la mente de Atziên y también la de su madre estaban en él. Apenas llegó a distancia prudencial y, sin que nadie notase su presencia, cambió su forma como sólo los dragones saben hacerlo para regresar a la comarca. El joven dragón entonces se presentó bajo la única forma que conocía fuera de la de dragón, tomó la forma de Atziên. Los habitantes reconocieron al "hombre leyenda", aquel mago que renunció a su propia libertad para ser guardián de una criatura antigua. Celebraron durante varios días su regreso y le dieron todo tipo de regalos hechos por ellos. Y le entregaron la casa que había sido de Atziên, con todas sus pertenencias intactas. Lo amaban y lo necesitaban pues no tenían un mago que los protegiera de amenazas y enfermedades. Era para ellos un milagro.

Pasaron muchos años y Zivkarr, porque así se llamaba el pequeño dragón, jamás cambió la forma, aun sabiendo de los peligros que eso entrañaba, fue olvidando quien era en realidad y se fue tornando humano, pues la forma no es sólo aspecto sino también alma. La forma de Atziên se impregnó tanto que jamás pudo abandonarla. Cuentan que fue así como Atziên-Zivkarr, el dragón-guerrero-chamán se volvió inmortal en términos humanos, pero sometido al ciclo de vida de los dragones. Fue el más poderoso hombre-mago que jamás se haya dicho, protegió a la aldea durante seis mil quinientos años, hasta que su  hora llegó. Murió, o, mejor dicho hasta que hizo su último cambio,  rodeado de gente que lo amaba. Incluso se vieron algunos dragones volando una danza de despedida. Nadie jamás supo su secreto.

miércoles, enero 12, 2011

LA VIDA DESPUÉS

­¡Si ya está que se manifieste!
-Sentenció la voz grave de la médium. Inmediatamente comenzó a sacudirse balbuceando cosas sin sentido. Su cara parecía la de una persona con problemas mentales; babeaba emitiendo incoherencias. Se sacudía como si estuviese recibiendo descargas eléctricas. Clara, furiosa, salió repentinamente del lugar mientras la mujer de negro y la asistente insistían en que estaban a punto de lograrlo.

Era la cuarta vez que hacía todo ese circo y nunca consiguió nada. Se dio cuenta de que no podría volver a comunicarse con Iván, que no había forma. Llegó hasta una plaza y se desmoronó en un banco. El rechinar del subibaja avivó aún más su angustia y se reprochó el no haber querido tener un hijo al comienzo: "Si lo hubiésemos hecho cuando nos casamos hoy no estaría tan sola..." Desplegó el periódico, solo para intentar distraerse... "Niño nacido de los óvulos de una mujer muerta dos años antes..."

-¿Doctor Benavidez?, soy Clara de Herrera.
-Ah, si señora, la recuerdo. Supe lo de su marido, lo lamento muchísimo señora.
-Gracias. Lo llamo porque quiero continuar lo que empezamos.
-¿C... Cómo dice? E... está Usted s... segura de lo que dice? (Había pasado un año de la muerte de Iván; el médico ya había descartado las muestras).
-Sí, absolutamente segura.
-Bueno, estem... le parece que tengamos una charla mañana a las nueve?
-Está bien.

Benavidez, preocupado por el estado psicológico de su paciente, insistió en que consultara a un especialista. Clara entendió esto como un prerequisito y aceptó.
-La escucho, señora.
-Es poco lo que tengo para decir. Mi marido murió hace un año y yo pretendo tener un hijo de él. Ya lo habíamos decidido, había algunos problemas y apelamos a la fecundación asistida. Las muestras están congeladas...
-Comprendo... y... ¿qué‚ piensa que su marido desearía en las circunstancias actuales?
-Bueno, he tratado de averiguarlo... pero sin éxito. De todas formas él no está y soy yo quien decide.

Clara siguió viendo al psicólogo, sin embargo nada podía quitarle el deseo de reencontrarse con Iván. Su terapeuta no combatía ese deseo, por el contrario, sostenía que ella necesitaba despedirse. Probaron técnicas de visualización, hipnosis, dramatización... pero ella se exaltaba tanto que perdía las imágenes. Básicamente se negaba a dejarlo ir.

Dos meses después Clara ya no hablaba de inseminarse, pero tampoco elaboraba un nuevo proyecto de vida. El psicólogo le propuso someterse a una experiencia de realidad virtual a fin de evaluar el estado de su proceso de duelo. Se trata de un procedimiento absolutamente revolucionario -le explicó a Clara- está disponible gracias al avance de las computadoras en los últimos años y de las interfaces cerebro-máquina. Clara, sin expectativa alguna, aceptó.

Los scanners analizaron cada detalle de la morfología de Iván a través de las fotos que Clara, por instrucción del psicólogo y del técnico en realidad virtual (RV), había seleccionado cuidadosamente. Unos vídeos y grabaciones de audio mostraron los movimientos, el timbre y tono vocal, el modo en que reforzaba algunos sonidos, las pausas... todo escondía algo de la personalidad del fallecido. En poco más de una hora surgió con siniestra exactitud, un perfil digitalizado de Iván.

-Y dígame una cosa, -preguntó Clara al Dr. y al técnico que comandarían la experiencia- cómo es que se programarán las respuestas que me de la máquina a mis preguntas?
- El sistema asimiló datos de la personalidad de su esposo, y de sus movimientos y gestos. Con los cuestionarios que Ud. respondió más los datos de la historia de él y de la de ambos se trazó un perfil de personalidad. A todo esto se suma la memoria que Ud tiene de su esposo, la cual puede ser consultada por el sistema para recavar datos que precise durante toda la experiencia de RV. Es decir que Ud estará prácticamente interactuando con lo que es su esposo para Ud. Dependiendo de los movimientos que usted haga y de lo que Ud. diga, el sistema aleatoriamente generará respuestas posibles para la personalidad de su marido, o sea que es impredecible lo que pueda suceder, depende de la interacción con Ud. movimientos, pensamientos, palabras, todo.

Al comienzo sólo vio manchas, después árboles, sol, agua... Clara reconoció el lago donde nadaba de pequeña; las mismas montañas, los mismos pájaros... Sus pulmones se llenaron de aquel aire de montaña. Sus ondas cerebrales cruzaron el casco para alcanzar la computadora: "ESTADO EMOCIONAL ADECUADO PARA INICIAR EXPERIENCIA DE REALIDAD VIRTUAL"

Algo la llevó hacia la costa. Tuvo la visión impresionante, nítida de Iván. Una gota de agua rodó por el rostro del hombre, cruzó el pecho hasta el ombligo. Clara detuvo la gota de agua con sus manos; palpó el vientre de Iván. Sintió el contacto con ese cuerpo que conocía tan bien. Su existencia, su vida. Se abrazaron largo rato, sin decir palabra. Lloraron. Luego se besaron apasionadamente sabiendo que quizás esa era la última vez. Clara estaba tan inmersa en su estado de consciencia alterada que no podía distinguir en lo más mínimo que se trataba de una experiencia virtual. Lloraban ambos no de tristeza ahora, sino de emoción por estar de nuevo juntos. Clara le iba a contar sobre lo sucedido ese año, e Iván la interrumpió:
-Si, lo sé. Sé del apartamento nuestro, esta bien que lo hayas vendido. Y está muy bien que trates de seguir adelante. Ahora lo de tener un niño... ¿estás segura?
-Clara emocionada sintió que se le quitaba un gran peso, ya no tomaría al decisión sola.
-Sí lo estoy. Ya pensé en las consecuencias pero quiero hacerlo. Es la única esperanza que me dio fuerzas para seguir viva.
-Bien. si estás segura, entonces ¡que así sea! yo apoyo en todo tu decisión de hoy y también aquellas que debas tomar a lo largo de la vida de nuestro hijo. Yo estoy como siempre a tu lado. apoyándote, porque siempre serás mi gran amor. Se abrazaron y lloraron nuevamente temblando de emoción sabiendo que ahora nadie los podría separar. Se acariciaron e hicieron el amor, fue una de las veces mas intensas, más emotivas. No se preguntaban si podrían volver a verse, sabían que posiblemente no, pero ese momento fue vivido al máximo, con todo el ser de cada uno de ellos. El peso de Iván sobre el cuerpo de Clara era distinto y sin embargo igual... Se cobijaron, se alimentaron. Iván miró por última vez esos ojos tiernos, hasta verlos exhaustos, mientras él se vaciaba dentro de ella en un llanto profundo y tibio.

El Dr. Benavidez no tuvo coraje para decirle la verdad, optó por dejar que las cosas se fueran dando solas. Pero Clara salió más decidida que nunca a implantarse el óvulo fecundado con el esperma de Iván. Entonces, al Dr. se le ocurrió una gran idea: implantaría un embrión ajeno, uno débil, que no sobreviviría. Ella pensaría que fue un aborto espontáneo; después le diría que ya no quedaba material. Clara tendría que resignarse. Le dio un tratamiento de hormonas para prepararla y fijaron fecha para el implante el mes siguiente. No pudo hacerse. Estaba embarazada.

domingo, enero 09, 2011

ETERNA AMISTAD


Esta historia se inspira en una charla que tuve por el año 1995 con mi querida terapeuta y amiga Julia Zwilinger, fallecida en 2001. De la charla sólo recordaba algunas imágenes que siempre me parecieron intensas así que decidí hacerlas historia para que pueda narrarse. 

Elián era un hombre alegre con una intensa vida social. Dado que viajaba con frecuencia, tenía muchos amigos en todo el mundo. La gente lo quería y algunos lo admiraban. Se divertía con poco, por ejemplo le gustaba mucho bailar aunque lo hiciera mal. Disfrutaba de la vida al aire libre, las salidas de pesca, de camping, o a esquiar. Había nacido con el don de sentir pasión por todo lo que hacía, por lo cual, era un hombre feliz y muy exitoso. Algunas personas tienen ese don, se apasionan por todas las cosas que hacen y sus vidas tienen color e intensidad. Era inteligente, seductor, y muy ocurrente. Tenía una especial facilidad con las palabras. Podía organizarlas de forma tal de transmitir sus ideas o sentimientos muy claramente y de manera muy simple explicaba conceptos complejos. José, en cambio, sumamente ordenado, ansioso, en su mente era muy caótico. Era inseguro y necesitaba confirmación de todo. Elián, en cambio, parecía estar seguro de todo. José había crecido en un ambiente sumamente agresivo y descalificador, y así funcionaba muchas veces, pero había aprendido a dominar su impulso agresivo, Elián le había ayudado en eso. La infancia de José había sido muy difícil; su familia lo criticaba, sus hermanso se burlaban de él todo el tiempo. Se había esforzado mucho por conseguir lo que tenía, sin embargo se sentía siempre insatisfecho. José era más dado a las acciones que a las palabras. A diferencia de Elián, le costaba mucho expresar sus ideas con claridad, pero era sumamente afectuoso con su cuerpo y abrazaba muy fuerte. No obedecía a más ley que la propia, aunque la gente pensara lo contrario y lo viera como alguien respetuoso de la ley. Circunspecto y disciplinado en apariencia, todo en su vida parecía ordenado. Su ropa la doblaba con la misma medida exactamente y la clasificaba por colores. Cuando salía con Elián nadie comprendía cómo dos personas tan diferentes podían ser amigos. Elián estudió Psicología y José estudió Turismo y hotelería. A pesar de las diferentes profesiones y caminos construyeron una buena comunicación basada principalmente en las diferencias. Se llamaban "más que hermanos", y aunque no eran físicamente parecidos mucha gente los veía semejantes. Había puntos de encuentro: por ejemplo, tanto Elián como José amaban esquiar, y también el montañismo y cada invierno planificaban una salida con sus esposas, quienes, a su vez, eran amigas. Así pasaban mucho tiempo juntos hombres y mujeres cada quien con sus actividades.

Fue el invierno de dos mil siete, lo recuerdo bien porque nevó en Buenos Aires. Ellos habían ido, como cada invierno, a esquiar. Decidieron internarse más y más en la cordillera. Encontraron finalmente una cuesta maravillosa, sólo para ellos y pasaron la tarde allí. Volvieron encendidos de entusiasmo y no hablaban más que de “su propio lugar de esquí” a partir de ese día sería exclusivo de ellos. Esa noche nevó y, al día siguiente, el sol despuntó maravilloso. Volvieron a "su lugar". Pasaron allí el día, y quizás por el cansancio de tantas horas de esquiar, de pronto José pisó en falso y comenzó a rodar, Elián usando sus esquíes para seguirlo alcanzó a interponerse en su camino para detenerlo; pero, por la velocidad que traía José golpeó tan fuerte a Elián que produjo un impacto y la columna de nieve por encima de ellos se aflojó y empezó a deslizarse con ambos encima. Más y más nieve se agregaba y los arrastraba cuesta abajo sin control alguno.
Cuando todo se detuvo tres cuartas partes del cuerpo de Elián estaban enterradas en la nieve. Haciendo acopio de todas sus fuerzas consiguió liberarse. Milagrosamente no tenía fracturas, solo un fuerte dolor en el pecho. Estaba al borde del desmayo. Todo el día esquiando y ahora esto había acabado con sus fuerzas. Comenzó desesperadamente a buscar a José y no pudo encontrarlo. Se dio cuenta de que seguramente estaba en alguna parte bajo la nieve. Minutos después escuchó un gemido y lo encontró bajando un poco la barranca, en una especie de grieta entre dos peñascos. Vio una mancha roja como tres metros hacia abajo, guiado por su propia inconsciencia del peligro se lanzó reptando a la grieta y avanzó hacia abajo hasta que pudo ver el rostro golpeado y sangrante de José.

La mano de José y su rostro eran las únicas partes que asomaban de los tres metros de nieve que lo aprisionaban. Apenas podía moverse por la presión. Apenas podía respirar. Elián le sacó el guante para dar calor a la mano de José que era lo único que tenía a su alcance, le dio a beber licor. José no podía tragar, tosió y miró a su amigo como pidiéndole que lo dejara. Se dio cuenta de que no sería posible sacar a José de allí. Por otra parte la nieve estaba inestable, y ya estaba nevando nuevamente. Elián lloró. Comenzó a llorar porque no podía aceptar que terminaran así los días de una vida de amistad. En una hora anochecería y no podía marcar el punto donde estaban. José ya no podía hablar pero sus ojos le decían “tengo miedo amigo, no me dejes morir.” Hasta llegar al puesto más cercano y volver pasarían cuatro horas y José se congelaría en menos de una hora. Lloró porque se dio cuenta de que nada podía hacer para salvar a su amigo, y dudaba si tendría las fuerzas para salvarse él mismo.

Poco a poco se fue levantando un viento helado que arrastraba la nieve. Impactaba sobre Elián como púas filosas. Tomó la mano de José y la aferró fuerte, agotado, angustiado y triste ante la inminente muerte de su amigo que apenas respiraba, sintió que moriría también, que esa sería la tumba de ambos. Agradeció el hecho de que al menos estaban juntos en ese momento. Elián sintió que entregaba su vida, que se dejaba ir, que su pecho se abría para que su alma se fuera. Inmerso en esa sensación de pronto sintió la mano de José, le dio una apretada muy fuerte y tuvo la sensación de que José se había liberado de la nieve. Entonces José lo miró despidiéndose y Elián dijo: no me dejes, quiero que te quedes, conmigo. No te vayas José, no estoy listo para despedir a mi hermano. José lo miró como quien ve a un loco y Elián de pronto jaló la mano de José y lo trajo contra su pecho lo apretó muy, muy fuerte hasta que José parecía hundirse en el pecho de Elián. Luego, o quizás antes de eso, ambos perdieron el conocimiento.

Despertó unos momentos después. Vio la mano azul de José: seguía atorado en la nieve. Había alucinado a causa del frío. José empezaba a congelarse, y se dio cuenta de que él estaba perdiendo el conocimiento nuevamente a causa del frío de casi una hora en esa hendija, aun vencido por el cansancio consiguió salir y fue buscar ayuda.
Esa noche el equipo de salvataje no pudo llegar al lugar pues la tormenta se había ido intensificando. Al día siguiente fue muy poco lo que pudieron hacer porque aún seguía la tormenta de nieve, después de una semana iniciaron una búsqueda que duró sólo tres días, habían nevado más de dos metros y no existía chance alguna de que José estuviera vivo.

Elián se encerró en su cuarto sin hablar con nadie. Pasaron tres días en los que no comió, sumergido en lo más oscuro de su dolor. No podía perdonarse haber llegado hasta ese lugar y haberse descuidado. La tristeza intoxicaba su mente, y el hambre que estaba allí aunque no lo percibía, hacía delirante su condición.
De pronto una voz lo despertó de su sueño: era la voz de José. Se sobresaltó y miró a su alrededor, pensó que alguien le gastaba una broma, pero no, esa voz no era externa. Estaba adentro de su cabeza. Elián se dio cuenta de que su Mente estaba colapsando, de que el dolor intenso, la falta de sueño y de comida, lo habían llevado a un lugar psicótico. Ahora estaba sufriendo alucinaciones.
Volvió a oír la voz:
-Elián, este es el cuarto de Elián, cientos de veces estuve aquí...
-¿José? -preguntó Elian perplejo-
-¡¿Elián?! -Una enorme alegría embargó a Elián.
-¡Si, soy yo! y parece que estamos metidos en el mismo despelote sea lo que sea esto.

Se quedó atónito. No entendía cómo podía suceder que su amigo muerto se esté comunicando con él. De pronto recordó su deseo de entregar su vida para estar con su amigo, para que José pudiese vivir...

¿O sea que funcionó?
Esto desafiaba toda la psicología de los libros. Elián Levantó una mano y comenzó a mirarla.
—¡Esto es increíble! —decía José—, ¡puedo sentir como si fuera mi cuerpo!
—¿Estamos muertos los dos? —preguntó José
—No, no. Yo estoy vivo, estoy en mi cuarto y vos estás conmigo aquí.
—¡Es absolutamente delirante! ¡no puede ser!
—¡Si!, ¡¿no es maravilloso?! ¡Estas vivo! ¡estás vivo! —Gritó Elián saltando de alegría...

Verónica, la esposa de Elián escuchó los gritos y pensó que su esposo se había vuelto loco. Lo escuchaba gritar y hablar solo, encerrado en su habitación. Pero aun así esto la tranquilizaba porque pensaba que Elián no resistiría mucho en el estado en que había estado.

Elián decidió salir para que José viera todo su mundo. José le dijo que no hiciera tanto alboroto, ¡estaban los dos en un solo cuerpo y que ese cuerpo estaba hablando solo! Ahora tenían una nueva complicidad, aun más íntima que la de antes...
—¡vamos! ¡Quiero que veas el mundo desde mis ojos!

Elián no sospechaba las catastróficas consecuencias que lo que había sucedido tendría en su vida. Era un niño feliz, libre de la culpa que se adjudicaba de haber “matado” a su amigo. El resignar por el resto de su vida la exclusividad de su cuerpo no le parecía un precio alto a cambio de revivir a su mejor amigo.

José estaba tan perplejo como Elián. No entendía qué era lo que había sucedido. Pensaba miles de teorías pero ninguna explicaba el hecho de que los dos estuvieran en ese mismo cuerpo. De pronto recordó la alucinación que había tenido, donde Elián había abierto su pecho, y lo apretó muy fuerte sintiendo que se mezclaban. Recordó que algo en el pecho de Elián estaba abierto y luego, después de su llegada, se cerraba y lo protegía como un abrazo. Pero pensaba que había sido parte del delirio de un hombre frente a la muerte. Elián salió corriendo de la habitación para mostrarle todo a su amigo que, al tercer día de muerto, acababa de resucitar.
Encontró hasta divertido abrazar a Verónica y besarla apasionadamente como parte del "tour" mostrándole a su amigo cómo besaba su esposa. Verónica quedó paralizada entre la alegría y el pánico de que su marido estuviera loco. Pero, como sea, esta locura lo hacía mucho más parecido a lo que siempre había sido que al Elián de los últimos tres días. No comprendía qué había sucedido, pero estaba feliz de ver a su marido sonriendo después de esos días de oscuridad.

José permanecía en silencio, mitad asombrado, mitad aterrado. Miraba desde el fondo toda esa escena surrealista. Elián fue mostrando a José cada detalle de su mundo. José, lentamente fue participando en las decisiones de Elián, y poco a poco se fue instalando y usando también su flamante cuerpo más grande en tamaño que el antiguo, lo que le daba una extraña sensación de poder. Pactaron que este sería su secreto ya que nadie lo entendería y tomarían Elián por loco.

Como las mujeres que a José le gustaban no eran el tipo de Elián, acabaron negociando que Elián traicionaría algunas veces a Verónica para que José pudiese disfrutar un momento con alguien que le atrajese. Elián se quedó sobrecogido al atestiguar a José en su dimensión sexual. Desplegaba una faceta muy excesiva y descontrolada. Elián trataba de recluirse en algún rincón de su mente inhibido por los excesos de José, pero en varias ocasiones sorprendió a José descuidando el cuerpo de ambos con prácticas sexuales de alto voltaje y de alto riego.

Elián comenzaba a entender que la vida de su amigo le implicaba concesiones muy difíciles pues esas acciones, que nada tenían que ver con sus deseos, hacían que Elián comenzara a darse cuenta de la terrible verdad: ya no era dueño de su vida. 

José se expandía fascinado con la vida de Elián, era una vida que siempre le atrajo, siempre envidió secretamente y ahora era dueño de eso que tanto había envidiado. Elián, mientras tanto, continuaba retrayéndose, hasta ir transformándose paulatinamente en un ser quieto y sombrío. José tomó el mando y fue adquiriendo la personalidad de Elián, su magnetismo irresistible su inteligencia, y, sobre todo, su placer por la vida. Fue literalmente apropiándose de la vida de Elián sin que nadie lo notara más que Elián.

Elián sólo quería desaparecer. Sentía un enorme conflicto pues sabía que si expulsaba a su amigo de su cuerpo (cosa que ni siquiera sabía cómo hacer) su amigo moriría, y entonces sería “él” quien lo asesinó. Se sentía impotente al ver cómo José se adueñaba vorazmente de todo. De su forma de hablar, de su forma de razonar, de sus frases, de sus gustos, de sus estudios, de su profesión, de sus amigos.

Así fueron pasando los meses y cada vez más Elián se hundía en un silencio sepulcral sin pronunciar palabra durante días. Y José hacía uso de su casa, sus perfumes, su cama, sus ropas, su computadora, y hasta de la compañía de su esposa. Se apropió por completo de todo lo de Elián, hasta de lo más íntimo: su cuerpo.

Un jueves de enero, casi seis meses después del accidente, miraban televisión y de pronto vieron una noticia que los sobresaltó. Unos jóvenes esquiadores habían habían descubierto bajo el hielo el cuerpo de José. Un numeroso equipo coordinaba la maniobra de recuperación del cuerpo con el objeto de darle una digna sepultura. Para no destruirlo cortaron el bloque de hielo entero y podía verse que, a excepción de un corte en la frente, el cuerpo parecía intacto. La preocupación de algunos era cómo descongelar ese cuerpo para hacer los servicios fúnebres.

Pero lo inesperado sucedió. Como suele ocurrir en la vida de Elián hubo un nuevo giro radical. Se presentó el padre de una de las muchachas que descubrieron el cuerpo. Era un suizo experto en criogenia. y propuso la loca, la absurda idea de intentar una resucitación.

El bloque de hielo fue mantenido frío hasta tomar una resolución. Esto suponía un sinnúmero de cuestiones médicas e incluso éticas. Lo importante es que, así de locamente como había sido el inicio de esta historia, pronto todas las piezas encajaron. El destino había juntado a todos esos actores para dar un paso que significaba cruzar los límites de la ciencia. 

El científico se ofreció sin otro móvil que su propio interés científico para intentar salvar esa vida. Explicó que el congelamiento en esas temperaturas tiene ventajas y desventajas y que una de las desventajas es que no pueden pasar mas de seis meses para la resucitación, pues las consecuencias del congelamiento son irreversibles. O sea que estaba aun a tiempo. Asimismo había que ver cómo había transcurrido el congelamiento, pero en general el cerebro se enfría antes que el corazón por lo que los tejidos nerviosos suelen conservarse bien por estar oxigenados hasta último momento.

Al ver esto Elián despertó de su oscuridad diciéndole a José casi en un grito: —¡tenemos que ir!¡tenemos que ir!—. ¡Es tu cuerpo que lo encontraron y lo van a revivir!, ¡lo sé!, ¡lo puedo sentir! Es por eso que ocurrió todo esto, ahora tiene sentido, ¡es por eso! ¡era tu destino! Es por eso que nunca te fuiste ¡es por eso! ¡porque tu cuerpo aún esta vivo! 

Nada de esa noticia agradaba a José. Por primera vez era feliz con su actual vida, y se rehusaba a regresar a su vida anterior. En verdad ahora todo era mucho mejor que lo que había tenido antes. Prefería quedarse viviendo como Elián, pero no podía revelarle eso a su amigo. Sentía que vivir la vida de Elián le había dado felicidad por primera vez. Pero Elián no dudó. Compró el pasaje y esa noche salieron hacia la cordillera.

Todo el pueblo estaba al tanto del gran hallazgo y pendientes de la historia. Elián se presentó como el hermano de José y quería estar presente cuando lo revivieran. Fue un proceso muy lento y complicado que duró poco más de doce horas. Llegó el increíble momento en que, después de siete meses, el corazón de José volvió a latir, Una descarga eléctrica contrajo los músculos, y cuando terminó la descarga, el corazón se quedó inmóvil durante veintinueve segundos... luego, como por milagro, volvió a contraerse por sí mismo, una y otra, y otra vez. Al principio el ritmo era errático, pero el experto propuso esperar sin intervenir hasta que la temperatura se estabilizase y poco a poco las funciones respiratorias y cardíacas se normalizaron. La actividad cerebral en los monitores era muy tenue, las funciones vitales básicas estaban conservadas pero no había indicios de actividad cerebral alguna. Era solo un recipiente vacío. Mantenido en un coma farmacológico pues los tejidos dañados por el congelamiento debían autorepararse. Tres semanas después las lecturas cerebrales indicaban una leve mejoría y decidieron quitar la medicación que inducía el coma para ver si recuperaba la consciencia. Elián esperó el momento en que estuviera sólo con José y apenas pudo colocó su pecho contra el pecho de ese cuerpo yerto. Y abrió, con toda la fuerza de su intención, el canal por el que José, empujado por la voluntad de Elián, regresó a su cuerpo. Las alarmas de los monitores se dispararon y José comenzó a respirar más rápido, a convulsionar, y, luego de unos minutos, se serenó y abrió sus ojos.

Fue como nacer. Se vio obligado hacer una ardua rehabilitación, pero el milagro había ocurrido: estaba vivo y eso era lo importante.


Poco a poco José fue recuperando su movilidad volviendo a habitar su vieja casa. Y al mismo tiempo el árduo proceso de ir volviendo lentamente a su vida: unha vida que no le apetecía. José se sentía completamente ajeno a sí mismo, a sus cosas Además de que Silvia (su esposa) había hecho su duelo y estaba en una nueva relación. Cuando supo que estaba vivi lejos de  estar feliz le hizo saber que necesitaba un triempo para procesar todo eso y ver qué quería hacer.

Ya no era él mismo. Le costaba adaptarse a su metro setenta y dos y a su cuerpo delgado después de haber vivido en el robusto cuerpo de Elián, así que empezó a entrenar duro para tener más fuerza y mayor tamaño. Dejó para siempre el turismo y descubrió que la vocación de su amigo: la psicología, era su verdadera pasión. Cambió radicalmente su vida. Su antigua inseguridad infantil se había ido, y sus miedos a la oscuridad, a estar solo, miedos que nadie había sabido más que él, tampoco estaban. Sus rituales obsesivos, su dificultad para tratar con otras personas, todo ahora era diferente, todo más liviano. Por primera vez se sentía libre. Era como si José hubiera tomado una parte de Elián que había sanado su vida.
Una tarde de invierno, la llovizna fría atormentaba a Elián quien siempre, a diferencia de José, Odió la lluvia. José caminaba a su lado, iban a comprar regalos para celebrar el cumpleaños de Verónica. Elián tenía una sensación desagradable como de incomodidad desde la mañana; estaba aprensivo. La llovizna lo obligaba a subir el cuello de su impermeable hasta cubrir su boca y nariz, y debía sostener la cabeza inclinada hacia abajo. Elián esperaba en la vereda para cruzar. José se había demorado mirando unos tabacos. Entonces fue que un auto resbaló sobre la escarcha en la calle y perdió el control. Comenzó a girar y golpeó con el lateral de lleno en el cuerpo de Elián que salió disparado como un latigazo y fue a dar con la nuca contra el pavimento. De inmediato un charco de sangre oscura comenzó a formarse bajo su cabeza, José se aproximó y supo que su hermano de toda la vida, su gran amigo, aquel que le había dado su propio cuerpo para que pudiera vivir, estaba agonizando. Elián yacía perplejo. Inmóvil. Balbuceaba ¿qué paso?

Los ojos de José se llenaron de lágrimas y revivió la mirada de su amigo aquel día en la nieve, una mirada que difícilmente olvidaría en el resto de su vida. Sintió una enorme congoja y sostuvo la mano de su amigo mientras veía  crecer lentamente el charco rojo detrás de su nuca. Elián miró con sus ojos por última vez a José y de alguna forma, haciendo acopio de sus últimas fuerzas, le imploró a su amigo: “por favor José, déjame entrar, quedarme en vos...” José lo miró y sintió terror. Recordó, como una película, toda su propia historia. Ahora todo se repetía pero a la inversa: era su momento de dar a su mejor amigo, a su hermano, lo mismo que él le había dado antes.


Los ojos de José, quien nunca lloraba, se llenaron de lágrimas. Por primera vez José amaba la vida que tenía. Entonces José respiró profundo, y apretando sus dientes cerró su alma, su cuerpo y su corazón bien fuerte. Cerró todo su ser como una coraza de acero, mientras las pupilas de Elián se abrían para siempre y el aire salía por última vez de su pecho para elevarse hacia el cielo helado.

jueves, diciembre 30, 2010

Estarás solo

Los hombres semidesnudos me miraron con desprecio. No preguntaron mis motivos. Uno de ellos señaló con un gesto una choza donde entré y me senté en el único lugar posible: el suelo. El silencio era apenas interrumpido por sonidos vagos del exterior. Perdí la noción del tiempo. Mi sensación de soledad se profundizó. Pueden haber pasado horas o minutos, no lo sé.

Cuando la vi aparecer, no pude menos que contraerme encajándome más en el rincón en que me había sentado: negra, imponente como una faraona. Envuelta en un halo sobrenatural. Me clavó sus ojos como aguijones oscuros que hurgaban. No pude respirar durante unos segundos que parecieron horas, luego sentenció firme y segura como si yo fuese un cartel que ella estaba leyendo: 

 Y ¿qué esperabas? ¿qué te sorprende? ¡Ese es tu destino! ¡Estar en soledad; masticarla, rumiarla tragarla, indigestarte con ella una y otra vez!

Querrás mil veces cambiar lugares con cualquier idiota adormecido en el escritorio de su oficina. Vas a renegar de ti mismo hasta agotarte, pero eso no servirá de nada. No muchacho, no va a servirte. Lo único que ahuyentará tu soledad por unos instantes será estar entre locos, entre los que nadie quiere, entre desterrados que también conocen la soledad y que son capaces de saltar al vacío. Los que son diferentes podrán entenderte sólo a veces; pero serán más las veces que vayas y vuelvas sin una puerta a la que tocar, sin alguien que se te siente delante y conserve su substancia y calma. Todos serán a partir de ahora como figuras de cartón. Muecas patéticas. Mentiras que se dicen mecánicamente a sí mismos sin siquiera darse cuenta. No podrás hablarles, no entenderán tu lengua, te mirarán sin comprenderte, podrán inclusive odiarte y atacarte creyendo que los quieres lastimar. Hasta que por fin aceptes que estamos solos muchacho, que aquí dentro ―se tocó el pecho nadie más que nosotros sabe lo que sucede. Nadie más... 
Respiró profundo como si en su suspiro se derramara todo el sufrimiento de la humanidad, luego continuó: Y, mi niño, aunque sea extraño, tu fuerza proviene justamente de allí pues eres el hombre que lleva el amor como su lucha. 

Aprenderás a construirte tu propio mundo habitable. Podrás ver muy lejos, más allá de lo que ve la gente ordinaria. Verás el alma de las personas, verás inclusive sus pensamientos y deseos. Y algún día, eso si dejas de luchar con tu destino, podrás ver la mismísima mecánica del mundo; las conexiones que existen entre todas las cosas, las causalidades, las interacciones y las fuerzas que lo mueven todo. El viento, la piedra, el agua, y lo que moviéndose, mueve a otra cosa y crea el gran movimiento. Cuando así sea, anticiparás los avatares del mundo que habitas y serás un superhombre. Pero siempre estarás solo.

Esa es tu bendición, porque nadie podrá quitarte lo que posees. Nadie manipulará tus sentimientos, no conocerás lo que siente alguien que sufre por amar a otros, pero también será tu cruz: porque no encontrarás con quien compartir la dura carga que llevas. 

Cuando la soledad de aguce, te esforzarás, intentarás mover el rabo como los perros, y ser un idiota que disfrute de cosas triviales, pero, aun esforzándote, no lograrás estar mucho tiempo en esos lugares miserables. Ese jugueteo es para otros, no para ti. Te marcharás tantas veces como trates de interesarte en personas y cosas banales.

Se acercó a mí. Tomó mi mano entre las de ella. Su piel intensamente oscura y tibia contrastaba con mi palidez insípida y fría. Era como si la tierra misma me tomara la mano. Sus palabras me habían sumido en una profunda desazón, no estaba triste; sino que parecía haber perdido la esperanza. Ella, de algún modo lo supo. Sostuvo mi mano un poco más fuerte y me dijo:

―La esperanza aquí no sirve de nada, es un amarre, una distracción. Es apenas una forma infantil de negación que debes abandonar ahora mismo. Esperanza... ¿esperar qué? ¡tú no tienes nada que esperar! ¡Deja ese juego impotente y asume de una buena vez quién eres! Toma lo que te pertenece: tu lugar en el mundo. ¡Sólo entonces serás todo aquello de lo que eres capaz! 

Mi cuerpo asentía sabiendo que ella decía la verdad. No podría luchar contra ello, porque una parte de mí ya lo sabía y tan sólo necesitaba de su confirmación. A eso había venido.

―Tú lo sabes, afirmó dando voz a mis pensamientos. Tú lo sabes bien, y no de ahora, desde hace tiempo. Sabes bien que hubo gente en tu camino cuyo único objetivo fue ayudarte a despertar, provocarte para que tomaras tu espada y encarases tu lucha. Pero el resto del camino será solitario. Y el único alivio será allí, con algunos locos que batallan como tú, pero tampoco podrás distraerte mucho, porque cada cual tiene lo suyo, su tarea. Así como tú tienes la tuya.

Me levanté. Ella me acompañó hasta la puerta de la choza. Nuevamente tomó mis manos. Me miró despidiéndose, y salí. Ahora los hombres me miraban con respeto. Ella me había hablado.

Caminé sin dirección, sin pausa, a paso vivo hasta que mi cuerpo entero estuvo empapado en sudor. Tomé noción de que estaba perdido. No me importó. Todos los lugares me daban igual. No podía escapar de mí, no podía rehuir a mi destino. Sentía ser parte de algo tan grande que nada de lo que hiciera cambiaría las cosas, pues estaría haciendo exactamente aquello para lo que fui concebido. Así que me senté al borde de un acantilado al que había llegado. El sol se ponía. Me dejé deslizar por ese instante, sin tristeza, con una calma extraña, y me percaté de que estaba sonriendo. Me había dado cuenta de que nadie jamás podría arrebatarme esos momentos. Sentí todo lo que me rodeaba como si mis límites se hubieran disuelto y mi contenido se esparciera... Sentí diluirme en el Todo y, curiosamente, la sensación de soledad se disipó. 

viernes, diciembre 10, 2010

OHMAR

Kilómetros desérticos frente y detrás de mí. Ya no sabía cuánto había caminado persiguiendo un espejismo. Estaba extraviado. El aire era denso, podía sentir su viscosidad en mi garganta. Mis pies se arrastraban, y sentía que, en los últimos tres años, había envejecido diez. Nada tenía de atrayente el paisaje, ni siquiera veía ya los inspiradores espejismos que antes perseguí. Empezaba a sentir que nada tenía sentido, que no importaba qué hiciera ni hacia dónde fuera, no conseguiría lo que estuve persiguiendo: el amor de Esteban.

Me dije que eso no era para mí. Tenía que aprender a desistir, a renunciar. Mi problema es que no sé cuando abandonar una batalla y esta vez acabé como Pirro, rey de Epiro y de Macedonia, que en una batalla con los romanos, fueron tantas las bajas que tuvo a pesar de vencer, que dijo: Otra victoria como esta y tendré que regresar sólo a Epiro.

Soltar mi deseo era difícil; pero creo que el cansancio me fue ganando al darme cuenta de que hay sueños que no pueden ser, y derrotas que jamás se remontan. Dejar de lado lo que me inspiró en los últimos años y simplemente caminar sin expectativas era difícil pero era lo adecuado. En ese momento sentí que algo que había estado apretando mi pecho se disolvía y el aire se tornó más fresco. De pronto encontré un pequeño sendero, que conducía a una zona de piedras. Lo seguí y descubrí un delgado hilo de agua que, en otros tiempos debió ser un arroyo. Algo estaba cambiando en el paisaje. Vi vegetación al otro lado del arroyo y, un par de kilómetros más allá, se extendía un bosque. Seguí la huella. Mientras lo hacía, por primera vez en todo mi viaje, me sentí vigorizado. Ese largo camino recorrido inútilmente me había dejado más extenuado de lo que suponía. Llegué al bosque y me adentré en él. Podía escuchar sonido de pájaros. Los arboles se iban cerrando a medida que avanzaba, lo hacían más y más oscuro.

Unas aves extrañas parecidas a búhos blancos me observaban. Los búhos son nocturnos… es de día —reflexioné—. Pude divisar lo que parecía ser una cabaña en medio del bosque. me fui acercando con cuidado. Parecía deshabitada. Hecha de troncos, pequeña y sumamente atrayente. Entré. La casa estaba en semipenumbras, me llevó unos segundos adaptarme a esa oscuridad. El piso brillaba, y reflejaba la imagen de una anciana que, de espaldas a mí, cocinaba. No se dio vuelta, a pesar de yo haber abierto la puerta e iluminando toda la habitación. Estaba absorta en una especie de guisado que preparaba, ¡el aroma era delicioso!

Se volvió lentamente para mirarme con sus ojos enormes. Esgrimía una sonrisa increíblemente luminosa y apaciguadora. Me reconoció, y yo a ella aunque no sé de cuando ni de dónde.

—¡Qué bueno que llegaste! —dijo sonriendo— La comida está casi lista. ¡Preparé tu plato favorito! —Nos unía una conexión antigua e inexplicable. Traté de recordarla pero no lo logré. Me miró con ojos compasivos, como si estuviera completamente al tanto de lo que yo sentía.

Entonces me preguntó dónde había estado. Sin proponérmelo bajé mi cabeza y comencé a llorar. Me sentía inútil y vano:

—Me perdí. Estuve perdido errando atrás de un espejismo. Estuve años buscando algo que no existe. ¡Desperdicié un tiempo precioso y mis mejores energías para alguien que no merece la pena que no puede darse cuenta de nada!

—No te tortures, —dijo dulce y firme— estás donde debías estar, en el preciso instante en que debías llegar. Fíjate en esto, la comida, tu favorita, estaba lista cuando llegaste, no antes, ni después. Deja de torturarte. Cada cosa, cada momento, cada lágrima fue necesaria para que llegaras adonde estás. Hiciste lo correcto —nuevamente aseveró como si conociera toda mi historia.

—Pero no sirvió de nada —respondí—. Entregué lo mejor de mí a gente que no ve, que no valora y que no podrá aprovecharlo.
—No puedes ver ahora las consecuencias de lo que hiciste, porque eso sólo el tiempo te lo mostrará; y han de ser necesarios varios años para que puedas volverte, observar todo este tiempo, y darte cuenta de que nada hubo de errado. Nada de lo que hiciste sobró y nada faltó.

Aunque ahora no puedas verlo, creaste un cambio muy importante, una bifurcación en el curso de las cosas. Era lo que estaba escrito: ese era tu deber  —el tono de autoridad en sus palabras me tranquilizaba, luego continuó—: la vida fue dura con esa gente, —supe que se refería a mi pueblo— fue como una gran picadora de carne que los hizo pedazos. Llegaste para devolverles lo que otros les habían arrebatado. Sólo para eso. Donde no había vida ahora la hay, y está creciendo. Y te sientes vacío porque es lo que sucede cuando das vida con tu propia vida: una parte tuya sale de ti y se aleja para crecer y seguir multiplicando y creciendo en otro lugar.

Ya no te tortures más. Deja de exigirte hacer las cosas bien. El bien es sólo una forma de mirar la vida, una forma incompleta. El bien no existe en estado de pureza, para tenerlo puro debemos recortar la vida y dejar afuera una parte.

Me abrazó. Era el abrazo de todas las mujeres que me cuidaron. Me refugié en su regazo mientras lloraba, sintiendo que sus palabras tocaban mi alma, y también, que nada de ello me era comprensible aunque algo en mí sabía que todo estaba por fin en su lugar. Me relajé en su abrazo. Acariciaba mi pelo con suavidad y yo me iba deslizando hacia un sueño apacible. Miré a través del cristal de la ventana y vi unos seres altos, blancos, como columnas de mármol reluciente que formaban montones de círculos en todo el bosque. Luego comenzaban a caminar causando la impresión de girar. Tuve la sensación de que ese bosque no era en verdad un bosque. Que el camino que recorrí me había llevado a otro lugar y no podía entender cual era ese lugar. ¿Estaría soñando?

Siempre sentí que nada salía bien en mi vida. Me solía quedar con la pregunta y no miraba la respuesta que llegaba con el tiempo: a veces de inmediato, a veces mucho tiempo después. Siempre me sentí como un niño enojado con Dios, porque las cosas no eran como yo quería. Y a veces, cuando sucedían de ese modo, ya no me interesaban.

Ella tenía un efecto extraño sobre mí, me calmaba y me ordenaba. Empecé a ver con más amplitud mi propia historia. Empecé a percibir conexiones entre los hechos que nunca había visto. Tuve la clara sensación de que el universo no comete errores en sus cálculos. Todo está en conexión con todo en un equilibrio espeluznante. Un pequeño movimiento en un punto de la gigantesca red mueve un sinnúmero de puntos creando siempre algo nuevo, algo maravilloso, pero para el punto que inició el movimiento es imposible ver el todo, es imposible saber hasta dónde llegó su influencia y hasta donde marcó un cambio en la totalidad.

Mientras tanto, aunque yo no lo sabía, la vida de muchos había cambiado dramáticamente a partir del encuentro conmigo. Esteban pudo crecer, asumir su propia vida y hallar un rumbo. Dejó la vida nocturna y el trabajo en los bares. Dejó de ser un marginal y comenzó a estudiar. Se graduó y comenzó a atender niños. Casualmente niños con dificultades o niños maltratados por la vida. Se transformó más que en psicólogo, en un maestro; un mentor. Rescató muchas almas de la misma forma que él había sido rescatado. Algunas de las almas que rescató y también la suya propia, tuvieron un importante valor para la humanidad.

Ohmar, uno de los niños que atendió lo adoptó a él como “padre” le dijo una vez: “Qué bueno que me sucedió todo lo que me sucedió; que bueno que fui golpeado y abusado, porque de no haber sido así, jamás hubieras llegado a mi vida…” Esteban, lo abrazó muy fuerte y sintió que por fin su niño interior sonreía.

jueves, diciembre 02, 2010

El sueño más hermoso

Hace años que vivimos en un pueblo tranquilo, la rutina es la cuna en que nos mecemos. De vez en cuando llega gente nueva, y otros se van. Como en todo pueblo, al principio es difícil entrar en contacto con los lugareños aquí, pero después todo se va dando solo. A veces en la calle o forzados porque alguien no está bien y lo asistimos, o por el día a día... de una forma u otra nos vamos conociendo.

Desde que puedo recordar, esta ha sido mi morada. No conozco otro lugar. Quizás un día deba irme de este pueblo. Confieso que eso me provoca un enorme resquemor, pero no lo pienso. Lo desconocido siempre me asustó, no soy fácil para los cambios.

Con todo, en medio de nuestra valorada paz, a veces sucede algún evento digno de atención como hoy, que el pueblo estaba conmocionado porque nuevamente de Leandro: un muchacho algo extraño, pero muy querido por todos e
ntró corriendo a la capilla empapado en sudor completamente fuera de sí. ¡Sabe Dios desde dónde vendría corriendo sin parar! corría y gritaba que los muertos, de nuevo, lo perseguían.

No tenemos psicólogos en el pueblo, por la sencilla razón de que nunca los hemos necesitado. Nuestras cosas las resolvemos conversando con nuestros vecinos y amigos, con los consejeros espirituales. Pero Leandro hace mucho que se quejaba de ver siluetas humanas semitransparentes yendo y viniendo en las calles o en su casa. Siluetas llorando, gritando, peleando, siempre atormentadas, nunca en paz.

En una ocasión algo ocurrió con su pobre cabecita y permaneció una semana entera viendo esas cosas, imagino que son muertos, obviamente, ¡porque otra cosa no pueden ser!

Resulta que los veía corriendo, yendo y viniendo, totalmente enajenados, gritando, llorando,  chocando unos con otros. Toda la escena narrada encaja perfectamente con las descripciones de lo que todos nosotros entendemos por el infierno; o como mínimo, el purgatorio: Almas atormentadas, encerradas en una especie de ciudad de la que no pueden escapar, se pelean, se retuercen, sufren…

Parece ser que lo más destacable de estas entidades es que no conocen su condición de muertos —cuenta Leandro— ellos realmente creen que están vivos —asegura—, de hecho van y vienen, habitan casas… todo como si estuviesen vivos. Corren apurados a sus casas, clubes, trabajos como si vivieran! Debido a ello, a esta obstinada negación de su verdadera condición, es que temen horrorosamente a la muerte, a las enfermedades, a las pérdidas, en fin sus vidas de verdad son un infierno en el que naufragan ciegos.

Pues así es, Leandro tiene ese "don" que más bien parece una maldición de poder ver a los muertos. Otra cosa que, para Leandro fue de lo más aterrador, fue darse cuenta de que algunos de ellos nos pueden ver a nosotros. Si, así de aterrador como suena, pueden vernos desde ese infra mundo en que viven. Es horrible para él cuando lo buscan e insisten en hablarle. Muchos de ellos son niños que usualmente sólo lo miran, incuso a veces le sonríen; y algunos adultos muy extraños también lo hacen, otros le temen. Parecen ser sumamente supersticiosos en relación a nosotros. Cuando alguno lo encara es siempre aterrador, el pobre muchacho corre y corre hasta que sus fuerzas lo abandonan y llega a la capilla, el único lugar donde ellos no pueden entrar es el suelo santo. No es la primera vez que llega tan exhausto que cae desmayado.

Había ocurrido de nuevo. Esta vez fue peor, parece que uno de ellos lo tomó por el pie y no lo soltaba. Es aterradora la sola idea de que esas figuras semitransparentes puedan tocarte, pero sin duda, él lo sintió y por lo tanto fue real. Cuando sintió que lo aferraban se volvió para ver el rostro de una mujer, que , desesperada, gritaba: ¡quedate conmigo! ¡no me dejes!

Sus alaridos agudos perforaban los tímpanos de Leandro, los gritos le entraban en el cuerpo como dardos punzantes desgarrando sus fibras y creía que con sus gritos lo haría estallar. El dolor de ella era inmenso y se lo inyectaba de alguna forma haciendo que Leandro sintiera lo mismo que ella sentía. Fue el momento más espantoso que jamás haya recordado y el sólo narrarlo hacía que su cuerpo entero temblara.

Lo mas inquietante es que Leandro creía conocer a esa mujer, si bien no la recordaba había algo en ese rostro que le resultaba morbosamente familiar.

Nos reunimos en  la capilla para oír su "historia de muertos" y darle toda la compañía, el apoyo y el cariño necesarios, ya que el muchachito no tenía más familia que los vecinos del pueblo.

Cuando él llegó aquí con sus escasos veinticuatro años, la poca familia que le quedaba ya se había marchado. Se volvió un poco el protegido de todos.

Esa noche nadie tuvo la paz que solíamos tener. Las imágenes aterradoras de los muertos vivos nos desfilaban a todos por la mente y no conseguíamos conciliar el sueño. Nuestro pueblo siempre fue nuestro refugio pero había perdido una parte de su apaciguadora seguridad. Varios de nosotros deambulábamos los las callejuelas, la capilla los corredores y los jardines inquietos, tratando de asegurarnos que los muertos no estaban por allí.

Esa noche llegaron al pueblo dos familias. Una mujer se me aproximó, con expresión de estar desorientada, me pregunto qué pueblo era este. Supongo que venían manejando hace días por su aspecto. Estaban agotados y muy inquietos. El padre no dejaba de hablar de una de sus hijas que no estaba con ellos. ¿dónde estará ella ahora? —se preguntaba—. Algo en ellos me hizo recordar las narraciones de Leandro: inquietos, desalentados, tristes, perdidos... pero a esta altura estaba tan sugestionada que no podía pensar en otra cosa que esos horribles muertos que agarran de los pies. 
No entendí qué calle era la que buscaban, pero les dije que se acercaran a la capilla para calmarse y creo que les pareció buena idea. Los acompañé. Había vecinos allí también. Luego de un momento se fueron calmando. Y parecía que todo se iba a solucionar, Tarde o temprano encontrarían a su hija. Soy sumamente respetuosa y no iba a preguntar detalles, pero me parecía que se trataba de una adolescente que quizás se haya resistido a la mudanza. Ya vendría con su familia cuando se sintiera sola sólo era cuestión de tiempo. Al igual que otros que se mudaron a nuestro pueblo estos traían muy poco equipaje. Lo mínimo. Ideal para comenzar una nueva vida.  Muchas mudanzas suceden de un momento a otro, de pronto el lugar que habitas ya no es apropiado, empiezas tu vida en otro lado.

Había sido una noche agotadora así que me despedí amablemente de los forasteros, y del grupo congregado en la capilla. Mañana será otro día —me dije—. Llegué a la tranquilidad de mi refugio. Agradecí estar lejos de esos horribles muertos y me recosté. Mi madre dormía. Vi cómo un rayo de luna se reflejaba en la placa de bronce que lleva mi nombre en mi féretro.
Entonces tuve el sueño más hermoso que jamás haya tenido.